lunes, enero 18

Inseguridad ?

La disyuntiva del pobre en Argentina : Robar o Rogar

Verdades y mentiras sobre el tema “inseguridad”
Realmente se prevé en la medida en que se obra, en que se aplica un esfuerzo voluntario y, por tanto, se contribuye concretamente a crear el resultado “previsto”. La previsión se revela, por consiguiente, no como un acto científico de conocimiento, sino como la expresión abstracta del esfuerzo que se hace, el modo práctico de crear una voluntad colectiva.
Antonio Gramsci

A pesar de que no han existido ni pueden existir gobiernos que lleven adelante un liberalismo “puro”, es lícito afirmar que en Argentina vivimos una de las expresiones más intensas de neoliberalismo ideológico y práctico. Efectivamente la corriente neoliberal de los 90 no tuvo en el mundo similares resultados en su aplicación: algunos países apenas vieron trastocados su modelo clásico de organización social (Alemania) y en otros significó una adecuación oportunista (Nueva Zelanda) a un nuevo sistema internacional. Lo absolutamente particular del caso Argentino fue que se concretó la desentronización del Estado como gestor de lo social y luego su desguazamiento privatizado. Como resultado de ese doble movimiento la desocupación alcanzó niveles record, no hubo ninguna red de protección para reincorporar a los desocupados a un mercado de trabajo tecnificado y globalizado y entonces la profundización de la exclusión social fue extrema, millones quedaron fuera
Es que Menem y Cavallo fueron más adelante que nadie en las reformas estructurales, tanto así que eran los “mejores alumnos” de los organismos de crédito internacionales, los más eficaces aplicadores de las medidas elaboradas por el consenso de Washington y los más “convencidamente” ideológicos en un mundo siempre pragmático. Aquí en cambio tuvimos la mano firme de Menem para debilitar al estado y dificultar todo tipo de control sobre el mercado; y si bien el liberalismo sostiene que el estado no debe intervenir, está claro que se trató de una formidable intervención para destruir lo que quedaba del estado peronista –desarrollista. La riqueza de los privados y pobreza de los sectores populares, todo eso se hizo desde el estado.
Múltiples son las penurias sociales que podemos adjudicar al liberalismo extremo de los 90, no es necesario hacer una lista de todas ellas; pero sumadas las más importantes (desempleo, innovación tecnológica sin reconversión de la mano de obra, ausencia de políticas públicas de protección de los sectores más débiles, destrucción de la educación técnica) cristalizan en el aumento notable de la violencia urbana, una parte de este fenómeno es lo que hoy los medios de comunicación llaman con absoluta y pensada imprecisión “ola de inseguridad”.
La posibilidad cierta de ser víctima de la delincuencia es la principal preocupación de los habitantes de las ciudades argentinas. Analicemos brevemente los términos que componen la expresión de marras. No es una “ola” puesto que no se trata de un fenómeno físico, una notable cantidad de actos políticos intencionales han intervenido en la generación de un aumento significativo de los índices de victimización y sólo una voluntad colectiva consciente de sus fines podrá atenuar o terminar con esa realidad típica de donde se aplican políticas liberales. En cuanto al concepto “inseguridad” así utilizado (en par con “ola”) peca de extenso. Forman legítimamente también parte del término el no saber si mañana habrá trabajo, ni cómo responder económicamente ante una enfermedad de los propios hijos, o si llegada la edad necesaria tendré o no una jubilación digna. También si en la ruta no seremos víctimas de un conductor que no respeta las reglas de circulación o si habrá nuevas reformas laborales que precaricen el empleo aun más y , obviamente, si voy a ser asaltado violentamente, todo eso es inseguridad. Pero el uso mediático y de sentido común del término no implica todo lo anterior, sólo hace referencia a la creciente sensación de inseguridad a partir de la difusión del aumento conjunto y exponencial de la tasa de delito y del índice de victimización.
Es necesario realizar una primera aclaración, no se trata de un fenómeno cuyo estructuración en lo sensible se refleje en lo meramente estadístico (la cantidad de delitos cometidos, por ejemplo, durante un semestre) sino que nos enfrentamos a una cuestión más compleja tal como es una sensación. Esto es, una proyección existencial que realiza el ciudadano, y que afecta su vida diaria, destinada a especular sobre las posibilidades que tiene de convertirse en víctima. En muchos casos diríamos que el miedo a padecer un hecho violento -tomándonos una licencia con el arsenal teórico de la psicología- se convierte en angustia anticipatoria.
No todos los delitos inciden de la misma forma sobre la sensación de inseguridad por eso no es una cuestión de reducción de la tasa de delitos. Para ponerlo en términos positivos, si el gobierno consiguiera al mismo tiempo (lo que sería un resultado espectacular) una disminución notable de las estafas, de la violencia doméstica, del trabajo infantil y del proxenetismo, la sensación de inseguridad no se vería afectada en los más mínimo. Es decir, la mayoría los ciudadanos continuarían considerando que los delincuentes están fuera de control, que ellos pueden ser atacados en cualquier momento, y lo que es peor, que deben tomar recaudos particulares para autoprotegerse.
Debemos establecer una afirmación de método: cualquier política que haga hincapié sólo en la reducción del índice de victimización es parcial y ,en último término, ineficiente. Consideramos que el aumento de la delincuencia social esta directamente relacionado con la pobreza y con la falta de oportunidades, en este sentido entonces es que la ausencia de políticas eficientes de integración social, la quiebra fraudulenta o el cierre de una unidad productiva -por ausencia de políticas públicas- comportan también en el mediano o en el largo plazo un aumento seguro de la criminalidad. Asimismo ,en la línea de pensamiento que venimos planteando, una educación pública de baja calidad y que no prepare para el trabajo también afecta en el mediano plaza la sensación de inseguridad. La exclusión persistente y la ausencia de oportunidades provocan siempre la desesperación en los sectores más vulnerables y esto se configura como la base firme para encarar unas “vida delictiva” .
Luego de esta necesaria aclaración surge la primera certeza técnica: una política de seguridad correcta y realista no previene y reprime todos los delitos con igual consideración y recursos, se le debe dar prioridad a aquellos delitos que tienen mayor incidencia sobre el índice de victimización. Para el lego en temas de seguridad, es decir ,el ciudadano común, tal afirmación puede sonar a herejía. Sin embargo para colaborar con la verdad y profundizar la explicación, debemos radicalizar los términos y, por ejemplo, sostener que una buena política de seguridad tendría que desalentar los delitos con armas y (por disyunción) promocionar los que se cometen sin el uso de armas.
¿El Estado promocionando delitos? Parece descabellado, sin embargo lo que es verdaderamente insensato es creer y, a partir de eso, exigir, que la reducción drástica de la estadística delictual en general sea el objetivo específico de la política de seguridad. No contamos con los recursos necesarios para semejante tarea represiva, el presupuesto del estado es escaso y sólo un aumento notable de la presión impositiva podría dotar al Estado de los recursos, ¿están los ciudadanos dispuestos a realizar tal sacrificio en su patrimonio? ¿los políticos pondrían en riesgo posibles votos aumentando considerablemente los impuestos en aras de la seguridad? Pero además, una vez obtenido el financiamiento extraordinario, ¿se puede asegurar que el resultado real sería una baja sustantiva de los delitos cometidos? El pedido constante de “leyes más duras” ,“ mejores armas y equipamiento” y de “reconocimiento al accionar policial” es de larga data y no ha producido hasta ahora más resultados que el aumento de la victimización de ciudadanos comunes por parte de la policía, también conocido como “gatillo fácil”.
Lo que subyace a todo esta problemática y la profundiza en tanto sensación es que los discursos políticos dominantes, específicamente la derecha política y los medios de comunicación masiva intentan convencer (la mayoría de las veces, lográndolo) a porciones numéricamente significativas de la ciudadanía, que con tres o cuatro medidas concretas como las mencionadas anteriormente, el problema de la sensación de inseguridad puede ser resuelto. Y que lograr niveles de seguridad propios de otros tiempos sociopolíticos de la argentina (los 60) o de países donde la distribución del ingreso es progresista (Suecia, Noruega, Canadá), es una tarea posible.

¿Voluntad o estructura?

A partir de la enorme difusión periodística de los casos más truculentos, la derecha dibuja un panorama en donde la cuestión social como origen del delito queda opacada. En los medios se prefiere poner el énfasis en relatar el sufrimiento de las víctimas con todos los detalles, el delincuente es pura maldad, y la conclusión obligatoria es que nada se puede hacer para reformar a tal sujeto.
Y si bien la problemática social referida al delito es ahora medianamente ponderada - y eso es una novedad en el discurso derechista- para evitar confusiones señalan que no es esa la razón principal. Para el sentido común conformado por los medios masivos y la derecha, ser delincuente es el resultado de la elección del propio camino de vida, combinado con la existencia de leyes “benignas” y un sistema judicial garantista que haría menos costosa tal decisión o vocación; hasta se le ha puesto un nombre a esa supuesta actitud “ estar en la fácil”.
Va de suyo que encontrar cierta “viveza” en vivir en condiciones de pobreza extrema , en arriesgar la propia vida en cada hecho o ser adicto al paco y en contar como horizonte cierto la posibilidad de quedar detenido, y llamarle a todo esto, “estar en la fácil”, es sencillamente alocado e insensato.
Según la explicación medio-derechista (los medios y la derecha) el sistema legalista que protege a los “malos” provocaría que cada día haya más delincuentes porque es fácil, sencillo, delinquir.. Este sentido común derechista que se expresa en fórmulas vagas e irracionales, promueve “aforismos” que ya se aceptan en forma casi indiscutible entre la ciudadanía: “entran por una puerta y salen por la otra” , “los derechos humanos son para los delincuentes y no para la gente que trabaja”, “si la policía sabe quienes son por qué no los va a buscar”, “hay que bajar la edad de imputabilidad”, “ hay que subir las penas”, “hay que hacer más cárceles”; a propósito de estas dos últimas aseveraciones, es interesante señalar que se han seguido al pie de la letra y la sensación de inseguridad no ha bajado ni un ápice, es más, ha subido, el hacinamiento en las unidades carcelarias ha aumentado significativamente.
La pregunta que surge de suyo es ¿qué fenómeno social es el que ha producido y sigue produciendo un crecimiento notable de la forma de vida delictiva? o, lo que es lo mismo, pero irónicamente, ¿por qué en los sectores populares se despiertan cada vez más vocaciones delictivas? Parece obvio señalar que aquellos que hoy eligen una vida “tumbera”, realizan su elección fuera de un marco de posibilidades aceptable, en muchos casos, se trata de eso o de morir lentamente de pobreza e inanición ,de allí que hablemos de robar o rogar; la alternativa para los sectores más pobres es ser sujeto de políticas clientelares, de beneficencia, o terminar detenido.
Cualquier respuesta seria debe tener en cuenta la cuestión social, es decir, tomar nota acabadamente de la inaudita exclusión social de la políticas liberales aplicadas en 10 años de menemismo, la fenomenal crisis de 2001 y el fracaso posterior en realizar un proceso de incorporación, no sólo de intentar detener el deterioro. Sin estas consideraciones acercarse al tema seguridad es tocar de oído, hablar por hablar.

Un mínimo de historia y algo de proyección

Si bien es nuestra convicción que los pobres dentro del capitalismo son siempre víctimas, la aparición en la posguerra de un capitalismo organizado, provocó mediante las políticas económicas de protección del mercado y políticas públicas de integración, que el abandonar las condiciones sociales de nacimiento fuera algo posible, real.
En la argentina las políticas económicas y de inclusión del primer peronismo son un excelente ejemplo. Los despojados de todo llegaban a las fábricas instaladas en el cordón industrial bonaerense y se instalaban provisoriamente en “villas de emergencia”, hasta tanto compraran su terreno y pudieran edificar de a poco su casa. Para los 70 ya pasaron a denominarse “villa miseria” y la inclusión social, proyecto al que se avocó con entrega absoluta la generación de los desaparecidos, dejó de estar en la agenda de los gobernantes. La respuesta de la dictadura fue en todo sentido represiva, al que era delincuente social, la cárcel, con un modelo militarizado. En lo político, asesinar al que soñaba y trabajaba para eliminar la exclusión social, esto es, el militante transformado en los 70 en “delincuente político”.
La democracia reconquistada en el 83 nada pudo hacer en cuanto a inclusión social, las crisis económicas recurrentes y las hiperinflaciones ,por el contrario, terminaron expulsando a cientos de miles de personas a la pobreza; en lugar de ascenso social, pauperización.
El modelo menemista vino a profundizar las políticas regresivas de Martínez de Hoz, el resultado que nos interesa para nuestro análisis fue la desocupación del 35 % y la creación de una economía paralela y también el desarrollo precario pero persistente de una cultura de los márgenes. La economía en negro funcionaba con la misma eficiencia que la economía legal, el enorme centro comercial “La salada” es paradigmático ejemplo de esto y una nueva cultura apareció y sorprendió a muchos en la forma de “cumbia villera”. Lo millones que se vieron expulsados de la economía legal no iban a resignarse a morir de hambre, esto es algo obvio. Es en este contexto y no en otro en donde aparece el fenómeno de la delincuencia generalizada, y, obviamente, la explosión de los índices de victimización.
Cinco años sin trabajo en la vida de una persona son muchos, una década directamente vuelca el horizonte vida de alguien hacia un lado u otro. Hubo miles de personas que aunque educadas en valores burgueses, tuvieron que aceptar día a día que tales valores eran impracticables en el contexto en que vivían. Sus hijos, socializados en ese tiempo político-social, ni siquiera recibieron tal educación sustentada en valores burgueses de honestidad y trabajo. Casi podía predecirse la aparición de los llamados “pibes chorros”, jóvenes y adolescentes que aprendieron a ser duros en un contexto de inusual dureza.
En la historia del delito previa a los 90 podemos afirmar que ser delincuente tenía que ver con una ubicación social desfavorecida, también una familia disfuncional y con un componente volitivo importante. El delito a partir de los 90 cambia, ya no se trata de un ladrón , digamos profesional, que maneja códigos burgueses (no meterse con ancianas o embarazadas, por ejemplo) y que hace inteligencia previa al hecho delictivo, o tiene un “dato”. Aparecen los “delitos al boleo” es decir un grupo de “pibes” que salen a buscar lo que desean en cualquier lado, a cualquier hora, eligiendo a la víctima por su potencial indefensión, mientras más débil, mejor candidato.
Las imágenes a veces complementan perfectamente una idea. Uno de los creadores del liberalismo, Thomas Hobbes, sostenía que sin un poder absoluto que ordenara …”el hombre es lobo del hombre”, a esa situación le llamaba “estado de naturaleza”. Cuando observamos la crueldad del mundo natural por medio de documentales contemplamos horrorizados como los leones o las hienas atacan a las crías o a los más viejos de otros especies. Algo en este sentido es lo que ocurre hoy en día y se nos presenta como nueva delincuencia, ausencia de reglas o códigos, estado de naturaleza puro, incluso superándolo del lado humano, el animal no mata porque sí, sólo lo hace para comer. Está claro entonces que los 10 años de neoliberalismo menemista significaron una ruptura social que estamos pagando en términos de inclusión social, cultura, ética y que se concretiza fundamentalmente en inseguridad para todos los sectores sociales. Los pobres doblemente golpeados por las condiciones sociales y la delincuencia, y los sectores medios y altos que temen ser victimizados y no pueden disfrutar de lo que han logrado económicamente.
A propósito de la expresión utilizada “lo propio de lo humano”, está claro que no hablamos de una carga genética: lo humano no surge de suyo, es un acto de enseñanza, ya sea por omisión o por acción alguien nos dice esto es humano, o lo que es lo mismo, esto es lo que hacemos los humanos, la humanidad o no de una acción es una creación social. La generación que vivió una infancia miserable durante los 90 no ha sido educada en valores sino en desvalores, o mejor, en valores utilitarios a los fines de mantener la pura vida humana. Si comer es hoy es una aventura, toda acción se encuentra justificada, se trata de una cuasi guerra, y en ella robar, mentir, matar y atacar al más débil son acciones necesarias. Esta idea ha sido expuesta de diversas maneras, elegimos la de Johnny Roten “ donde no hay futuro, no hay pecado”.
Depende del estado que exista futuro para los sectores marginalizados , no será con más violencia que se solucione el problema de la violencia. Mucho menos pensando estúpidamente que el número de potenciales delincuentes es finito y que edificando un número de cárceles que los alojen terminará la delincuencia. Es necesario llevar adelante políticas públicas de integración y educación para el trabajo, políticas económicas que alienten el empleo y políticas sociales que incorporen a todos y no dejen a ningún habitante de la argentina en estado de indefensión. No sólo esto , realizar la política es importante, luego, inmediatamente ver , controlar el funcionamiento, de eso se trata lo que sigue. Ver como se implementa una buena idea, y comprender que si la concreción es defectuosa la idea ya no sirve si no se corrige.
De esto se trata lo que sigue, contar la experiencia de la implementación de una acción pública por medio de una serie de planes del ministerio de trabajo, en un distrito del 2° cordón.






Algunas ideas sobre los planes sociales

Informe sobre desocupados
[1]

Durante el año 2008 y parte de 2009 trabajé en una municipalidad del conurbano bonaerense (2° cordón) dictando talleres para desocupados organizados por el ministerio de trabajo, específicamente los llamados Orientación laboral (OL) y Apoyo a la búsqueda de empleo (ABE), el tercer taller programado se llamaba Organización del trabajo independiente [2] (OTI), pero yo nunca lo di por una cuestión de división interna del trabajo con el otro docente asignado a ese municipio.
Mi intención al realizar y dar a conocer este informe es fomentar el debate sobre algunos temas puntuales referidos a políticas sociales, informar a aquellos que desconocen supinamente el tema, y, sobre todo, poner de manifiesto la afectación de la dimensión humana, esto es, la enorme repercusión social que tiene cualquier decisión política.
Muchos de los asistentes a los talleres pertenecían al sector más débil en recursos culturales, económicos, emotivos, etc. de toda la población, y no cabe duda que de acuerdo a la orientación política de un gobierno su suerte cambia notablemente. No exagero en absoluto si sostengo, por ejemplo, que padres e hijos vieron sus vidas negativa y definitivamente modificadas por las políticas neoliberales de los 90; los padres al quedarse fuera del mercado formal por demasiado tiempo, los hijos porque, a consecuencia de aquellas políticas, pretenden o lo han intentado, ingresar a un mercado laboral cada día más competitivo, exigente y desreglado. Creo con convicción, como lo venimos señalando, que en este punto las políticas de reinserción laboral pierden especificidad para tornarse la puerta de entrada a cualquier otra política posible como la de seguridad, salud o educación, más claro, la alternativa cierta de los sectores pobres no puede seguir siendo robar (a los particulares) o rogar (al estado o entidades de beneficencia). Sin empleo e ingresos suficientes una sociedad segura, educada o saludable es simplemente, únicamente, un sueño.

¿Quiénes y a qué venían?

Es fundamental señalar el origen de estos talleres: como resultado de la finalización de los ultramencionados y ultracriticados, planes Jefes y Jefas de hogar, se les ofreció a los beneficiarios que no calificaban para el plan Familias pasar al Seguro de Capacitación y Empleo. En el caso de aceptar este último cobrarían 225 pesos por mes durante los primeros 18 meses y 250 los últimos seis meses, debían capacitarse, realizar cursos, aprender saberes formalizados[3] y acercarse a la Oficina de Empleo[4] para seguir cobrando con continuidad el seguro. A su finalización, es decir luego de dos años, los beneficiarios, o buena parte de ellos, debían estar listos para volver a los mercados laborales en la forma tradicional de búsqueda o capacitados para comenzar y/o continuar con un proyecto de autoempleo. A este grupo social fue al que le dicté los talleres del ministerio: una primera precisión es que las mujeres eran absoluta mayoría, llegando a ser por lo común el 75 % de los presentes o más.
Para definir con propiedad debería aclarar que grupo estatal y social, siendo conceptos diversos, en esta situación son una y la misma cosa. Los beneficiarios constituían un grupo sólo por el hecho de ser desocupados que aceptaron el seguro de capacitación y empleo y tenían domicilio en el mismo distrito. La acción estatal los conformó en tanto grupo y lo único que se desprende de tal hecho es, efectivamente, la pura estatalidad y su poderosa discrecionalidad. Lo realizado no es necesariamente acción política[5], ni en cuanto a su precisión definicional, ni en lo referente al hecho mismo. Es la consagración de lo puramente social, lo estadístico, pero también podríamos llamarlo lo “meramente” social, que en este y otros múltiples casos, no es suficiente para conformar una unidad sustantiva, significativa, mucho menos que otorgue visibilidad o sentido.
Va de suyo que aunque signifique adelantar una conclusión, y si bien todos mis alumnos eran personas pobres, tal universalidad social tautológica es la única que es lícito inferir, en lo demás la variedad era la característica central: de ideología, de formación, de capital social, de situación económica, de origen social, de origen étnico, de religión, de ascendencia, de profesiones, de saberes, de perspectivas, de visiones de futuro; en definitiva, pluralidad real en su más amplia expresión. Pongo de manifiesto esta certeza seguramente porque mi prejuicio antes de encontrarme dictando los talleres era que un importante nivel de homogeneidad iba a ser la característica central.


¿Por qué venían?

Una primera cuestión que debe figurar en cualquier informe es que la asistencia a los talleres era obligatoria. La convocatoria a veces era suave, medida, haciendo hincapié en la utilidad del taller, otras, en cambio, se configuraba como una verdadera apretada (si no venís te quedás sin plan)-, corría por cuenta de la entidad que me contrataba, la Oficina de Empleo del distrito, sin que los docentes pudiéramos hacer nada para modificar el estado de cosas[6]. El ánimo de algunos de los alumnos, por el efecto del tipo de convocatoria intimidante, no era el deseable, pero, y es un acto de justicia señalarlo, los docentes contábamos en general con la buena predisposición de la gente, otras, con su resignación.
Los talleres comenzaban con la presentación del docente e información sobre otras alternativas en el Ministerio de Trabajo o en la Oficina de Empleo. Luego una explicación básica de lo que se iba a hacer y a continuación se invitaba a los presentes para que cada uno contara sus vivencias laborales y nos hablara sobre sus planes para el futuro. Los asistentes en lo cuantitativo conformaban un plantel numérico dispar, a veces muy pocos (4 o 5), otras, demasiados (29 o 30). El promedio era alrededor de 12 a 18 personas, a la luz de 10 meses de experiencia puedo valorar que ese número promedio de asistentes también es el ideal para la dinámica de los talleres.
El material de trabajo ideado por el ministerio, me refiero a los manuales, del capacitador y del capacitado, era adecuado, en el caso de ABE, un poco menos, en el caso de OL. Unas de las razones de la inadecuación del material de OL era, digamos así, estructural, porque las características del taller -centrado en las experiencias de vida de los asistentes- ponían la propia disposición de cada uno a participar en un lugar estelar. El taller de ABE era mucho más específico que el de OL, se le daban al asistente herramientas más concretas y objetivas y por lo tanto el desarrollo dependía menos de los participantes y más de los docentes. En definitiva Ayuda a la Búsqueda de Empleo contiene elementos mucho más visibles para el beneficiario que los que le puede aportar OL, además por la edad de los participantes (mayores en OL, de menor edad en ABE) las intervenciones eran distintas en calidad y cantidad.
En el primer caso, OL, los participantes contaban en muchos casos con dificultades insalvables para llenar las fichas y presentarse; timidez y analfabetismo iban en general de la mano y conformaban un panorama difícil para el asistente y para el desarrollo del taller. También el grado de deterioro emocional era significativo e inocultable en algunos de los asistentes a OL. Distinta era la situación en Ayuda a la búsqueda de empleo, como señalaba más atrás, este último taller se refería a cuestiones que aquellos que tienen poca experiencia en los mercados laborales valoran especialmente: desde cómo hacer correctamente un curriculum vitae, hasta como pararse frente a una entrevista laboral, o redactar una carta de presentación correctamente. En el otro taller, OL, se trataba de hacer pensar a los participantes sobre el futuro laboral personal y hablar del presente y del pasado del mercado laboral en forma reflexiva; a veces era muy difícil realizar este primer logro, buena parte del primer día se consumía en quejas, casi siempre justificadas, de los asistentes hacia la situación política general y la propia en particular. Sobre las quejas será necesario dedicar un párrafo especial.
Este señalamiento no significa en modo alguno una opinión absolutamente crítica sobre los talleres de Orientación Laboral, hablo simplemente del grado de dificultad para integrarse a la temática y a la dinámica grupal de uno y otro taller.

Algunas características particulares de la implementación en el distrito

La obligatoriedad de la capacitación generó una estrategia de balance[7] en dónde lo que importaba en el distrito era ofrecer cursos, vaya paradoja, los carentes de ingresos significaron un aumento en el ingreso de otras personas. Incluso escuelas estatales cobraban una cooperadora de 30 o 40 $ por mes lo cual estaba reñido con cualquier regla ética (aprovecharse del desocupado). Se llegó a dar cualquier curso, los que hubiera disponibles o los que podían dictar los amigos del poder local, pero también entraron en esto entidades estatales o privadas. Los cursos muchas veces no estaban relacionados ni con lo que se necesitaba de mano de obra en la zona, ni con lo que podía tener algún tipo de salida laboral. Por poner sólo dos ejemplos que asustan y ofenden, algunas de las asistentes a mis talleres (15, tal vez 20 a lo largo del año) hicieron el curso de Ceremonial y Protocolo, otras, en un número no menor, el de operadoras de electrocardiógrafo, resulta obvio que conseguir un trabajo a partir de tales capacitaciones, ya en Capital Federal sería extremadamente difícil, en el segundo cordón bonaerense, casi, imposible.
El estado nacional además ofrecía viáticos de 50 $ mensuales a los beneficiarios que terminarán la primaria o la secundaria, muchos lo estaban haciendo, -es preciso señalar que había dificultades para el cobro de los viáticos-, otros, aún peor, nunca habían cobrado el plus, sin embargo hay que decir que completar los estudios era una buena iniciativa que muchos tomaban, en algunos casos, estratégicamente (por el dinero mismo), en otros con alegría y orgullo porque finalmente estaban aprendiendo a leer y escribir..
Los problemas de implementación no nos deben obstaculizar observar la importancia al beneficio otorgado por estudiar. Muchas mujeres que su única inserción laboral había sido la limpieza en casas de familia, desde muy chicas y hasta avanzada edad y, por lo tanto, les había sido imposible estudiar, lo estaban haciendo actualmente. En parte por el viático y también porque no podían anotarse en cursos de capacitación sino tenían la primaria terminada. Como señalé más atrás, la nota distintiva en algunas de ellas era el orgullo por que ya podían leer o escribir. Valoramos aun más esta situación si tenemos en cuenta que en casi todos los talleres de Orientación laboral, hubo siempre entre uno y tres asistentes que no llenaron ninguna de las 4 fichas con las que se trabajaba por no saber leer ni escribir.
Casi todos los cursos necesarios para la continuidad en el seguro de capacitación se daban en Centros de Formación Profesional estatales o en la Secretaría de cultura municipal, en ambos casos cobraban matrícula, cooperadora o gastos de materiales, desde 25 y hasta 50 pesos por mes. Muchos de los asistentes a mis talleres se quejaban de tal situación, la estrategia de algunos era entonces elegir la capacitación por la gratuidad. Como anécdota graciosa pero valiosa y concluyente por su capacidad de ilustración, así me ocurrió una vez: en el momento de las presentaciones una de las asistentes, mayor de 50 años ella, me dice: “por el plan estoy haciendo el curso de guitarra”, ah le dige, ¿te gusta la música? Y me respondió, “no, la verdad nunca me interesó, lo hago simplemente porque no me cobran nada y no me joden con las faltas”. En este caso salta a la vista lo antes señalado, la política de balance, pues sólo se puede entender que el municipio autorice un curso de guitarra para desocupados si él que lo da es hijo, nieto o sobrino de alguien relacionado con el poder político local.
Había otros casos menos obvio pero tan inútiles como aquí, muchas mujeres estudiando peluquería, tal vez 3 o 4 por taller, ¿necesitará este distrito de tantas peluqueras? o reposteras, o artesanas en porcelana fría o cocineras. La pregunta válida que surge es, se planificó de acuerdo a las necesidades distritales y desde allí se ofrecieron las capacitaciones de acuerdo a los requerimientos del lugar o simplemente se abrió la oferta de cursos, la respuesta parece quedar, claramente, de este lado.
También recibieron cursos los beneficiarios-desocupados por parte de algunos sindicatos con subsedes en el distrito, en el caso de mi distrito de la UOCRA y del Sindicato de la Alimentación, en ambos casos, con muy buena recepción en los asistentes, muchos inscriptos y además allí se les pagaba un viático mensual, cercano a los 50 $.

Todas estas actividades se daban en el edificio de la Oficina de Empleo creada para esta tarea, atender a los desocupados, capacitar y realizar contactos con los parques industriales zonales para las empresas tomaran preferencialmente desocupados.

Las relaciones sociales

Un párrafo aparte merecen los empleados de la Oficina de Empleo respecto del modo en que atendían a los desocupados. La característica central era la desconfianza, porque partían de un prejuicio que en algunos casos, y sólo en esos pocos casos, era empíricamente verificable: este tiene laburo y, obviamente, más ingresos, por eso no quiere venir, o no puede, cuando lo convocamos para los talleres o para búsquedas laborales, “es un vivo bárbaro y deberíamos suspenderle el plan”.
Esta verdad parcial, la de que una parte de los beneficiarios cuenta con otros ingresos, formaba parte del sentido común del administrativo de la oficina de empleo, sentido común compartido con buena parte de la sociedad y, obviamente con la clase media[8] en cuanto a ubicar la figura del beneficiario entre la de un vivo y la de un sinvergüenza que cobra 225 pesos por mes del estado y tiene trabajo o ingresos por otro lado.

Estamos interesados-influidos en lo que Gramsci llamó “origen práctico del error” y una forma de explicar el recorrido es ver como se forma este pobre sentido común. Primero con retazos muy generales de filosofías que se han vuelto normas de vida como una religión o una ideología política, ejemplo aplicable a nuestro caso es el “debe trabajar el hombre para ganarse su pan”[9] colocado en la boca de un personaje mítico como Martín Fierro y repetido acríticamente por generaciones, aunque también es tan antiguo como el bíblico “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.
Luego es útil analizar algunos resultados de la crisis de 2001 y ver un primer momento de legitimidad para la ayuda social y a partir de la recomposición económica de la clase media la pérdida de tal legitimidad. “No quieren trabajar”, “viven del estado y de la dádiva”, “que hagan algo por esa plata, ya quisiera yo ganar 150 $ gratis”, “en mucho lugares no se consiguen ni chicas de limpieza ni albañiles porque les conviene cobrar el plan sin hacer nada”, y toda una serie de afirmaciones calificables como temerarias o desinformadas, cuando no fascistas, respecto de este tema.
Uno de los elementos de la realidad más dinámicos que tienen directa influencia en que buena parte de los que cobran plan no puedan dejarlo tiene que ver con la realidad del trabajo informal y como reacción estratégica frente al contrato basura. Ningún actor racional, y se trata aquí de que juzguemos a todos con estos módulos (a todas las clases), dejaría un ingreso informal pongamos de 1500 $ con plan incluido, por uno en blanco de 1500 $ también pero sólo asegurado por 5 o 6 meses, que es el tiempo promedio que duran los trabajadores, por ejemplo, de las agencias de seguridad o en los supermercados que hacen pedidos en la Oficina de Empleo del distrito. El estado nacional debería haber terminado hace tiempo con la flexibilización laboral de los 90 y mucho más con los contratos basura; esta hubiera sido una medida de enorme alcance respecto de la problemática que tratamos.
¿Cómo se forma y cristaliza el preconcepto? En general el prejuicio se consolida a partir de considerar a un supuesto grupo familiar y sostener que ambos cónyuges cobran plan (500$), que hacen changas, que reciben mercadería del estado, que van a comedores y que finalmente viven bien sin trabajar porque son vagos, digamos, “de alma”, o alguna idiotez por el estilo. Recuerdo algún mail derechoso firmado por una indignada señora de clase media que sumaba las propinas obtenidas por un chico en situación de calle lavando parabrisas por 6 horas diarias y le daba un ingreso mensual superior a su hija que se había recibido en la UADE de Licenciada en Administración con promedio de 9.
En el caso de nuestra oficina, pero podría ser dicho de cualquiera de los empleados de las oficinas de empleo del país, consideraban un robo al estado lo que realizaban los beneficiarios, lo decían precisamente ellos que no podrían pasar ninguna (ni la más sencilla o tomada con extrema bonomía) prueba de productividad, con sueldos en promedio de 1400 $, les era imposible atender a más de 8 personas por jornada en un trabajo a media máquina de 5 horas por día.
Para ejemplificar la consideración de los empleados hacia los desocupados es suficiente que relate lo siguiente: en un día caluroso, de más de 32º, teníamos sólo un ventilador para unas 15 personas, entre ellas 2 embarazadas, salí del aula por dos minutos a buscar un nuevo marcador y cuando volví uno de los empleados de la Oficina de Empleo se había llevado para su oficina el ventilador dejándonos sin aire, esa es la consideración en que el empleado de la oficina tiene en general al desocupado.



Algo más sobre la convocatoria

Uno de los problemas recurrentes era la convocatoria que como señalé antes oscilaba entre el apriete y el desinterés, sin lograr un punto medio. Lo que complicaba en muchos casos aún más la asistencia era que muchos de los beneficiarios eran parte de estructuras políticas clientelares descentralizadas y había que primero reunir información sobre de quién [10] era tal beneficiario y luego pasar por el visto bueno de la autoridad de origen (cacique político) para que la convocatoria se concretara en asistencia. De hecho, como nota fuerte, pero simpática, no era raro que se presentara alguien antes del comienzo del taller diciendo “ profe , yo soy de tal…,hace falta que me quede para que me den el presente? Recordemos que tanto OL (orientación laboral) como ABE (ayuda a la búsqueda de empleo) se desarrollaban durante 2 días, con una duración promedio de 3 horas, y para tener el presente había que asistir los dos días.
La duración prevista para OL era de 4 horas reloj, un verdadero despropósito, en nuestra experiencia cada grupo presentaba características distintas y de acuerdo a eso la cantidad de tiempo de cada taller, e incluso los temas o actividades que entraban para el 1º o 2º día. En OL el momento de la presentación personal, si el grupo era numeroso, se devoraba buena parte del primer día, sino lo era, y era muy pequeño, el riesgo era el contrario, es decir que el primer día tuviera una duración de no más de 2.30 horas. ABE era mucho más sencillo para realizar y calcular, salvo cuando tuve grupos demasiado grandes, todos los temas podían ser tocados y tratados en profundidad con 2.40 horas de cada día.

Sobre las quejas de los asistentes

“Dígale a Cristina que nosotros la votamos y ella se ha olvidado de los pobres”; “¿de verdad usted me quiere hacer creer que lo que yo diga acá es libre y no le llega al intendente o al secretario de gobierno?, ¿y a Usted, quién lo puso? Una de la estrategias de relación que rápidamente utilicé (no sólo estrategia sino también en gran parte, realidad) fue mostrar que no tenía una relación formal con el gobierno nacional, “no soy del ministerio y si la veo a Cristina le agrego a lo de ustedes, lo mío, y tampoco pertenezco al municipio, soy de Villa Crespo y me paga la UBA así que pueden decir los que les parece del intendente o de sus funcionarios”. En no pocos casos, al comienzo de los talleres, la sensación de los asistentes era del tipo “Gran Hermano”, todo puede ser escuchado y tener como resultado que me den de baja el plan. Situación dolorosa y difícil para el docente que siente la desconfianza y tiene que remontar el recorrido del taller; no se trata de una cuestión simplemente moral (del tipo no quiero pasar por agente encubierto[11] del gobierno o del municipio), sino que es absolutamente necesario para cualquier relación docente-alumno que se genere confianza, una vez logrado esto estaba claro que el 2º día era el mejor.
No era el único tipo de quejas, tanto en OL como en ABE el docente debe hablar sobre las características del mercado laboral actual, y entre otras cosas, señalar que, digamos, objetivamente, han aumentado los requisitos de capacitación y que, entre otras características, los adelantos tecnológicos destruyen empleo. Al llegar a esta parte la reacción era en general indignada, ¿y a usted le parece que eso está bien? era la pregunta generalizada. En el curso de ABE cobraba cierto dramatismo afirmar casi quirúrgicamente que habían aumentado los requisitos, teniendo en cuenta que de cada 10 chicas, 5 o 6 tenían secundario completo y algún curso (computación, incluso inglés) más y sólo habían trabajado en limpieza, aquí la teoría del “Capital Social” se ajusta perfectamente a la realidad.
Los asistentes a ambos cursos tenían fuertes críticas respecto de la labor de la Oficina de Empleo, en primer lugar, al erigirse en la representante del estado más inmediatamente cercana a ellos, sentían, precisamente, que las autoridades políticas hacían poco y nada para conseguirles trabajo[12].
En OL la indignación surgía contra los requisitos referidos a la edad, “profe no hay avisos para mayores de 40 años ¿de qué voy a trabajar?, además cuando se planteaba la alternativa de reconvertirse, de pensar una salida laboral de autoempleo a partir los cursos de capacitación que se habían hecho, la reacción era de descreimiento, o de angustia e impotencia, “se hacer souvenirs, comida o prendas (tejidas, de confección) ¿adónde las voy a vender?, yo trabajé siempre en limpieza, no soy vendedora, ni cuentapropista, yo lo que quiero es un trabajo con sueldo”.

Cuestión de alternativas
¿Pretende el ministerio que todos –o un número significativo de ellos- los beneficiarios de planes sociales se transformen en microemprendedores? Estoy seguro que no; sin embargo a partir de diversos planes, como el “manos a la obra” o el “pago único”, se ha intentado un camino en ese sentido – en el sentido del autoempleo- y mi experiencia en los talleres indica que sólo un número muy pequeño de beneficiarios de planes sociales estarían en condiciones de transformarse en microemprendedores. En los talleres de OL cuando presentaba esta alternativa, o cuando les contaba de la posibilidad del “pago único” ,algunos interesados en comprar una máquina o en fabricar o hacer algo, me preguntaban, ¿sólo o asociado?. Cuando conocían el requisito de asociación lo rechazaban, incluso hasta se enojaban, y cual si fuera una verdad bíblica, la mayoría de los asistentes sostenían que las sociedades funcionan mal, apoyándose en dichos como “mejor sólo que mal acompañado” o “el buey sólo bien se lame” o el más sofisticado “si hacés una sociedad con una amigo o familiar, después perdés la sociedad y el familiar o amigo”
He aquí una limitación cultural importante , el asociacionismo no se implanta por injerto, pero es parte fundamental de la cultura política de un país. Sobre su significación democrática y de iniciativa basta con releer un libro central de la sociología y la política como “La democracia en América” de Alexis de Tocqueville, allí el autor sostiene que asociarse es de carácter constitutivo para las democracias, ya sea como escuelas de participación o para que los hombres hagan juntos lo que no podrían hacer separados.
En nuestro municipio los proyectos preferidos por los beneficiarios eran en solitario, la mayoría consideraba una pesada carga, cuando no una burla, el proyecto societario, inclusive, luego de un arduo debate en el taller y cuando surgía que era obvio que 3 o 4 de ellas cocían, hacían ropa o tejían y podían potenciar el negocio asociándose, la negativa se repetía, ya sin más argumentos que “un vecino, amigo, pariente, que yo conozco se asoció y le, fue mal “ o aun peor “si es con otro, no me interesa”.

Las historias de vida y las expectativas

Hablé al principio de la pluralidad entre los asistentes, veamos: tuve, desde un relojero que tuvo 3 sucursales propias en zona norte y ahora quería ser entrenador de atletismo, hasta un caddie que en tiempos de trabajo sus ingresos mensuales superaban los 3000 pesos, o una niñera que conocía Paris, Roma y veraneaba en Punta del Este y hasta una mujer de 57 años que jamás trabajó fuera de su casa y tenía dos propiedades alquiladas. Desde ya estos casos no conformaban la normalidad de los asistentes, pero tampoco podría asegurarse que sus historias eran absolutamente excepcionales. Entre mis alumnos la postulación respecto a la pauperización de un sector importante de la clase media a partir de 2001 era absolutamente certera.
¿Cuál era entonces el tipo ideal de asistente, el caso típico? Hablamos de una mujer de entre 45 (también de mucho menos) y 64 años, con primaria incompleta o analfabeta, que trabajó (o todavía hoy hace algunas changas) en casas de familia y que ya no consigue con continuidad por la edad o por que tiene problemas de salud importantes. Para brindar un indicador numérico digamos que en todos los talleres había por lo menos 3 o 4 de estos casos. Recordemos también que para poder asistir a las capacitaciones en los centros estatales pedían certificado de primaria o saber leer y escribir bien, lo que en ambos casos les cerraba la posibilidad de capacitarse. Tuve pocos asistentes varones pero entre ellos esta historia se repetía en lo referente a problemas de salud, edad y semi o analfabetismo, el rubro cambiaba, limpieza para las mujeres, construcción para los varones.
En un momento del taller de OL (orientación laboral) el docente induce a pensar en el futuro laboral, tarea muchas veces difícil, incluso para los más jóvenes por motivos diversos [13], las mujeres más grandes decían “profe mi proyecto es jubilarme, ya laburé demasiado, además quién me va a tomar a los 59 años (el número podemos reemplazarlo desde 55 y hasta 64)”; las capacitaciones recibidas o los estudios completados tenían una función de integración social, casi como desarrollar un hobby, o despuntar un viejo anhelo, pero es insensato pensar que mujeres de esa edad van a reconvertirse e insertarse en el mercado laboral como cuentapropistas.
La verdadera opción, todos lo deberíamos saber, es una jubilación adelantada, si además esa persona quiere hacer algo en la casa , mejor, pero no hay espacio real para otra proyección más que esa. Sospecho que muchas de las medidas necesarias, realistas sobre estos temas no se han tomado porque el sentido común de las clases medias no las soportaría.
Lo mismo podemos decir del tema inseguridad como lo hemos planteado al principio, pensemos en el siguiente planteo, suben los asaltos con violencia, la alternativa realista es ¿bajar la pena a los sin violencia o subirlas a los con violencia? ¿Promocionar el delito no violento o insistir con el aumento de penas que ya ha fracasado y vuelto a fracasar?. Intentar reinsertar en el marcado a las/los que tienen entre 55 y 64 es además de irreal un esfuerzo vano porque significa sacarles puestos de trabajo a los jóvenes que son los que tiene capacidad de dañar y de hacerse daño, la jubilación anticipada es la solución. Todo lo que se gasta en política social se ahorra en otros rubros estatales, evitar la marginalidad y promover la integración es la única tarea política real.



























[1] Plantea ya el título un problema, ¿son beneficiarios de planes sociales o desocupados, o subocupados?, a lo largo de la reflexión prometo elegir una palabra para definirlos. Además beneficiario se parece demasiado a beneficiado.
[2] Relacionado con el sistema de “Pago único”, es decir la posibilidad del beneficiario de pedir lo que le restaba de plan en un solo pago para la compra de máquinas o de insumos.
[3] Obtener el título era lo que valía de allí la calificación de “formalizado”. Lo importante no era si el beneficiario había aprendido algo, sino si tenía el certificado
[4] Organismo creado ad hoc y que recibe fondos ministeriales para algunas de sus funciones, en muchísimas municipalidades del país. El fin, acrecentar las oportunidades de reinsertarse de los beneficiarios de planes sociales a partir de capacitaciones y convenios con el sector privado de cada localidad para que se les de preferencia.
[5] Prometo profundizar la cuestión más adelante partiendo de una convicción: no todo lo que hace el estado es político. La pura administración, también lo que últimamente en teoría política se llama “policía”, “gestión”, “demanda democrática”, a veces es, incluso, lo contrario de lo político.
[6] La convocatoria se hacía telefónicamente en días y horarios en que no estábamos los docentes.
[7] Le llamo de tal manera haciendo referencia a la economía soviética, en donde importaba más fabricar los 5000 tractores que el partido comunista se había autoimpuesto como meta que saber sin funcionaban o eran apropiados para la producción.
[8] En el conflicto gobierno-campo, el sector del campo reclamaba para sí un mayor grado de legitimidad ya que los que iban a actos del gobierno cobraban “planes sociales”. Los periodistas perdiendo toda objetividad sostenían que la gente que fue a Rosario o a Palermo no era “llevada” sino que concurría “por sus propios medios”. Cobrar planes sociales se transformó casi en una declaración de culpabilidad, para la clase media.
[9] Unos de los consejos más conocidos de Martín Fierro.
[10] Es necesario hacer más adelante alguna consideración sobre las prácticas clientelares, sin embargo a los fines de la presentación y de la coherencia en el relato doy por natural y sobreentendida una expresión tal como “de quién” era una persona.
[11] Coloquialmente, buchón.
[12] Sobre esto también dedicaré un párrafo más adelante.
[13] Reitero, pues no es algo menor, que en los cursos de ABE las chicas tenían entre 20 y 35 años y en muchos casos con secundario completo y cursos de capacitación en ingles o computación. Cuando contaban su trayectoria laboral saltaba a la vista que sólo habían conseguido en limpieza. Es más, muchas de ellas tenían el “sueño” de trabajar en una fábrica. Surge como necesario citar al gran Florestán Fernándes cuando afirmaba que en Latinoamérica, cosa que no ocurría en Europa, existía el privilegio de ser obrero-explotado. Esto para reafirmar que a nadie le gusta especialmente trabajar en una fábrica pero los sueldos de convenio, trabajar en blanco y tener derechos laborales es una oferta que al lado de la informalidad de ser la “muchacha” se torna un verdadero “sueño”.

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