Por Leonardo Sai
A: ¿Van a seguir con la misma estrategia?
B: Hasta que llegue a su clímax; Por estas horas, los pingüinos podrían inventar la vacuna contra la gripe porcina; Nosotros vamos a decir que es un arreglo con laboratorios amigos.
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En política, la pusilanimidad es aquella manera, es decir, cualidad del género humano que dispone a los hombres a la irresolución, a perder las ocasiones y oportunidades cuando lo que importa es actuar rápido y con firmeza. Si se permanece deliberando, vacilando, una acción que requiere de coraje frente al riesgo, la oportunidad, naturalmente, se escabulle por no resolver. Conceder suma importancia a cuestiones baladíes no es otra cosa que la estricta definición del ser pusilánime en el terreno de la voluntad de poder. No se trata, por lo tanto, de la decencia de la conducta o no respetar las formas, esto es, cómo hablar en conferencia de prensa, como ser didáctica o chistosa o soberbia, que si el decreto más detallado o menos, cómo lavarse los dientes... los infinitos consejos de la pequeña moralidad. “La oposición” es, objetivamente, pusilánime al no considerar siquiera que el desendeudamiento es un gran alivio fiscal una vez en el poder. “La oposición” es, subjetivamente, pusilánime, en el ataque mismo, puesto que al llevar al gobierno al límite, en una situación de urgencia, éste redobló sus fuerzas y los exhibió, frente al mundo, como aplauso al default y risita de Rodríguez Saa, mientras Hillary Clinton, pragmática, felicita: “Como sea que lo estén haciendo, funciona”.
Antes que nada, ni nadie, “la oposición” no avanzó un centímetro en el movimiento constructivo de su proyecto, clavada y tenaz, en el modo en que fue determinada su existencia política: Nacieron en bloque por los errores políticos del gobierno, con voces muy incipientes durante el 2006 y que se condensaron e inflamaron con la Resolución 125. Lo que era incipiente (denuncias de autoritarismo, presiones a la prensa, modificación del Consejo de la Magistratura, pretensión hegemónica, control de los recursos a gobernadores e intendentes, comunicados de la SIP, avasallamiento a las intituciones republicanas) se potenció sin agregar nuevos elementos, menos conceptos, bajo ninguna forma de programa. Lo que tienen en común se define en y por lo negativo. La aversión que sienten hacia Cristina Kirchner les impide actuar con mínima astucia y sabiduría en el ejercicio ofensivo.
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El Gobierno se anunció a sí mismo débil cuando el tono del apuro, respecto del pago de los vencimientos 2010 de la deuda externa legítima, dada la coyuntura financiera internacional, coincidió con el recambio parlamentario, condensó, en aquél signo, una falta de control sobre el tiempo político, sobre su propio accionar: El rostro del Ministro de Economía cargó con la impaciencia, la inseguridad y el miedo. La oposición olfateó la adrenalina, actuó en consecuencia. Golpeó desde los tribunales y los medios de comunicación, básicamente. ¿Qué pretendía? La alteración del tiempo, hacerlo propio. Redradogate. Y la tempestad volvió a desatarse cuando, en la testa parlamentaria, Cristina Kirchner reafirmó su decisión, demostrando que había utilizado el tiempo de la operación estival de “desgaste” para una contra-arremetida que los dejó, desnudos, sin defensas, impotentes respecto del discurso, sin otra defensa que la identidad de una falsa unidad. Las diferentes fuerzas políticas que integran el Parlamento no alcanzarán ninguna relación de ellas mismas, con quienes integran el arco opositor, bajo el modo de la mediación política, esto es, vinculadas, sintéticamente, como “unión en una unidad” y toda su “identidad opositora” se resuelve en una tautología y la tautología enuncia toda la estrategia: Somos opositores porque somos opositores a Cristina Kirchner. No los guía una aspiración a una visión de conjunto, a una organización simbólica de la lucha; No los conduce ninguna voluntad de poder sino el apetito: Tienen hambre de poder. ¿Cómo se puede afirmar esto, digamos, tan temprano? Adelantemos el explique.
La política no es un asunto contable y la contabilidad no es un programa político. Toda la capacidad de significación social de esta Unión Democrática posmo se prende y se apaga en la Neustad que le corresponde: “A dos voces”. Pinedo con Lozano, Carrió con la chica de Libres del Sur, Solanas con Menem, resultan en un contexto que Alfredo Caseros definía como “el culo con la témpera”, esto es, un acto fallido. El raquitismo de la estrategia destituyente explica a los suplicantes mediáticos, no su abundancia de fuerzas: Absorben las fuerzas de una sociedad que los alimenta con el rencor, la ingratitud, la incapacidad para valorar, su propio sufrimiento. Odian a “la conchuda” como si la relativa estabilidad económica fuera un éxito personal cuando es el resultado de las horas y horas-extras trabajadas, de una dolorosa contaminación del medio, del stress del cotidiano, de horas de sueño quemadas, de divorcios y rupturas de familia, de hijos que han interrumpido estudios para salir al mercado de trabajo: Esfuerzo conjunto de toda nuestra sociedad. Odian un autoritarismo, a pesar de la democracia, en el cual se han complacido desde hace veinte años: Entre 1989-1999 se firmaron 545 Decretos de Necesidad y Urgencia, Néstor firmó 270 DNU, Cristina 10. El clima social se reduce a la a-dicta siguiente frase: “sáquenmela de la cara”.
¿Odian a Cristina porque “es confrontativa”? ¿Odian a Cristina porque es “ella la causa del conflicto”? ¿Odian a Cristina porque Cristina les recuerda el terrorismo de Estado al cual identifican como la derrota de los sectores populares y, por lo tanto, el odio a Cristina es, en realidad, el odio a la derrota del conflicto, el odio travestido que encubre una impotencia colectiva? ¿Cuál es el argumento?
Por un lado, estaría “la tradición populista” con su mítico pueblo que es parte y es todo, que contiene el conflicto de pobres y ricos, que no le va ni a la izquierda PO-MST-PTS ni a la derecha gorila. Por el otro, aparecería una “tradición republicana” que sería consensualista, procedimental, respetuosa de las formas y de múltiples formas de articulación. Tal “análisis” de lo fenoménico no es otra cosa que la tinta que salpica del onanismo intelectual doméstico y que encuentra en los militantes bocas deseosas de fecundación “crítica”. “Crítica” a la cual arribarán con una síntesis igualmente onanista: La Republica Popular. ¿Qué hay detrás de esta “cuestión del conflicto”?
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La sociedad menemizada, al conflicto, que se supone inherente a la vida social, le aplica un soporífero y mortal 1 a 1 con el cual el arco macizo de la clase dominante ejerció un terror económico eficaz — en la “clase política” un nivel extraordinario de capacidad de corrupción sobre todos los puntos de resistencia de la población– que el conflicto quedó absolutamente desarticulado, diezmado, reprimido, aplastado, en estado de letargo. Durante el alfonsinismo el conflicto aparece por todos lados y una plaza llena, una sociedad movilizada, sale a repudiar a los carapintadas, plaza que el Dr. Alfonsín traicionó con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, preparando, espiritualmente, a la sociedad que gozó con “El Turco”. La sociedad menemizada es una sociedad segura (por eso el 2001 se vivió también como un despertarse... por las piñas). Una sociedad que no produce desarrollo es, trágicamente, una sociedad segura. Tal es la historicidad de una negra trasmutación de valores operada por la Dictadura. ¿Cuál fue el pecado del kirchnerismo?
Haber, necesariamente, requerido del desarrollo para ejercer el poder político. La sociedad, al desarrollarse y producir densidad nacional, manifestó, en la Resolución 125, conocida como “paro campero unificado”, un conflicto normal para la expansión capitalista endógena que el país había logrado producir con inusitada velocidad y batiendo records históricos en distintos registros del aparato de Estado. Cabe destacar que el desarrollo económico no es una bolsa abundante ¡más producción de todo! ¡de todo lo que hay más y más de todo! donde cada sector tiene derecho a obtener su caramelo y todos viven felices y contentos hasta que la piñata explota... por culpa de factores exógenos. Detengámonos en esta histórica cuestión del capitalismo periférico.
No existe desarrollo en armonía de clases y el desarrollo, al producirse, empuja el conflicto hasta acentuarlo, como antesala de la lucha de clases, germina como “interacción” o como “pujas de sectores productivos” y, en el umbral del concepto, revive la consigna “redistribución del ingreso” porque son clases sociales modernas las que se están re-anudando a la economía política del capital, siendo la producción mercantil endógena, emergente, la que requiere del Estado su versión “neo-keynesiana” “neo-desarrollista” de teoría, y este desplazamiento de las condiciones nacionales de la acumulación de capital, hacia la industria (en todos sus tamaños) impone, necesariamente, la reducción de un tercero en la re-producción ampliada de esta estructura (lo que aparece como “modelo productivo”) siendo el sector agro-financiero ese tercero y el que traba el amarre de estas condiciones (las reservas al servicio de la innovación tecnológica del capital industrial nacional) en la ideología, en la sociedad, presentando batalla en la continuidad de la conducción del poder político en manos del único sector del peronismo que, desde 1976, osó confrontarlos, discursivamente. No es secreto de Estado que CRA, SA, CONINAGRO, bancos extranjeros , cúpula empresarial, hace décadas que no ganan lo que, actualmente, denuncian sus ventas: Todo el conflicto de la Resolución 125 era para asegurarse las condiciones político-económicas de ganancias futuras, trazando límites, incluso, a este reformismo conservador.
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Se trata de la diferencia entre diversas formas no esenciales de antagonismos, de tipo, si se quiere un mote, “cívicos” y la lucha de clases como contradicción esencial de la sociedad capitalista. Esta contradicción, al incluir nuevas formas históricas, tanto para la burguesía como para la clase trabajadora, diferencia a ambas porque la producción está determinada, como hecho cotidiano, a otra escala que la del XIX. Y, cuando el campo popular intenta dar cuenta de estos cambios innegables de la producción capitalista mundial, insiste en presentar la lucha política como un “azote del conservadurismo tradicionalista”, de “la oligarquía” que pretende a la economía como un “clima armónico que es de la cosecha y el de la lluvia”, y que hay una batalla inminente para “re-construir el relato peronista del origen de la patria-republica del descamisado” y para destronar al “hombre de campo”, mito “reaccionario y sangriento”, presenta, entonces, una batalla... filosófica.
Un viejo problema intrínseco al desarrollo industrial tecnológicamente no potenciado (que incluye a los trabajadores porque requiere ser alimentado por generación de plusvalor absoluto) es la renta diferencial de la tierra a escala internacional . El problema se actualiza porque la evocada “oligarquía” desarrolló capital tecnológico suficiente (maquinaria agrícola avanzada, cosechas a grandes escalas, laboratorios y universidades que responden con sus innovaciones científicas a los obstáculos diversos de la producción que incluyen, obviamente, a la propia naturaleza) para no admitir, fácilmente, que otros capitalistas fluyan masivamente al negocio donde está “la pomada”, provocando la caída de la tasa de ganancia (dogma de todo marxismo de libro) y una relación estructural con el capital financiero que, además de asegurarles financiamiento inmediato, (la cotización de la soja en los mercados de derivados sufrió bajas en el 2008, no hubo colapso y si sostenida recuperación) les permite colocar el excedente nacional en los mercados internacionales, abasteciéndolos de liquidez para sus propias inversiones (la consecuencia indiscutible es un sistema financiero local débil con 132 mil millones de depósitos argentinos en el exterior, la deuda externa) definiendo un perfil competitivo que asegura al capital potenciado que sectores clave del mercado local no se desarrollen con la dinámica que demandaría el desarrollo emergente asociado o regionalmente organizado: Energía, comunicaciones, informática, tecnología industrial, etc.
Tecnología y financiamiento aseguran el peso específico de la burguesía agraria-financiera sobre la sociedad argentina (formación de la opinión pública, decisión en el Parlamento, palabra e imágen en los grandes medios de comunicación) puesto que el 80% de la propiedad de la tierra está en manos de grandes terratenientes (grupos económicos-grupos y familias agropecuarias) y solo un 10% en manos de “pools de siembra” , con lo cual el proceso de concentración y centralización del capital agrario reforzó el poder local sobre la tierra y no un proceso de extranjerización en manos de “los bancos” que aparecen como un problema creciente (también una pancarta nacionalista) para la pequeña burguesía (Federación Agraria) y no para la Sociedad Rural (que ocasionalmente acompañara en pos de ganancias futuras) ni para las grandes agro-industrias (Grobocopatel) porque es el financiamiento, a gran escala, el modo en que el capital financiero articulado, local y concretamente, los desplaza, devora y reduce, lógicamente. De no planificarse, central y rigurosamente, la política agraria, el riesgo de la pérdida de soberanía alimentaria, será un desastre alimentario y ambiental de consecuencias tan gravosas para la población argentina como la desindustrialización 76’-2001. Se libraría a la dinámica del mercado un proceso donde la valorización financiera le hace a la tierra lo que consiguió con la industria. Esto no es un escenario apocalíptico sino el escenario persistente, interno, de una economía mundial de burbujas.
Dicho de otro modo: Es la organización de espacios regionales de valor, bajo un enfoque no monetarista (una Unión Europea latina no sirve y reproduce lo mismo en la unidad débil de un papel) lo que permitiría re-industrializar al país, en forma sostenida, lo cual implica la apuesta definitiva de las inversiones de los Estados a la consolidación material del MERCOSUR que, de forma conjunta, organice un gran acuerdo estratégico, es decir, político con China. Si no se hace de conjunto, se hará, de todas formas, diferencialmente, por lo tanto, como proveedores de commodities al PCCH.
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Retomemos. No es la política de Derechos Humanos lo que motoriza el odio a Cristina sino el dinero. No es inmediatamente la reactivación de los fantasmas del 76’ sino mediatamente lo acontecido en la política y la economía de los últimos treinta años. Es el hecho de tener en cuenta una consideración de política económica de Estado y de intereses, crecientemente, nacionales, a la hora de hacer negocios. La convertibilidad no es una política económica sino la más estricta negación de su posibilidad. La política de Derechos Humanos puede disgustar, hasta los tuétanos, sin duda, a familiares de Recoleta, de Barrio Norte, de la Horqueta de San Isidro, de algunos Countries, de escondidos de aquí y allí, pero no es el motivo real de las disputas de la clase dominante. El “elemento precipitante” del odio “en el aire” a Cristina Kirchner no es lo que “hizo mal” sino en todo lo que hace correctamente. De todos modos, no hay de qué asombrarse. Lo que observamos y vivimos, mediáticamente, no puede causar extrañeza a la historia política argentina. Es normal, lo que no quiere decir sano, en nuestra política golpear en pos del adelantamiento de elecciones, lo cual no quiere decir que suceda. La UCR está haciendo lo mismo que el peronismo cuando negó las privatizaciones a Alfonsín con discurso acerca de la “soberanía nacional”. Lo asombroso sería una conducta generosa e inteligente de parte de la oposición, una completa anormalidad en la historia argentina.
“La oposición”, decíamos, simplemente: No existe. Es una forma vacía cuya impotencia para la articulación discursiva se traduce, necesariamente, en el accionar judicial. Nuestra dama de labios carnosos lo llama “un rejunte”. El único contenido programático de construcción de poder político se fundamenta en que los actos del gobierno resulten “ilegales” siendo este fundamento todo el contenido y anclaje, por la negativa, de la representación política. En tanto positivistas jurídicos, “la oposición” coincide y el escenario es, entonces, una yuxtaposición de puntos de vista en las instituciones (“judicialización de la política”) que considera que la formación de voluntad de conducción del Estado se reduce a la contabilidad: 51 sobre 100; quórum, no quórum... That is the question. En esta situación, todos clamarán por la reforma, por la necesidad del diálogo, de la negociación, por el cuidado de las instituciones, por los cambios orgánicos, republicanismo al por mayor: Codician brillo de la tele y estadísticas. Y como la sociedad está desmovilizada la especulación desea la crisis económica para saldar una crisis institucional como terminal del gobierno. Echemos un somero vistazo al panorama económico.
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Las retenciones, con el peso de la soja, recaudarían entre 7 mil u 8 mil millones de dólares recapitalizando al Central por el uso de las reservas; Los mercados financieros siguen dando sus bienaventurados signos de confianza hacia los BRIC y tras el pago de los vencimientos 2010 subieron, lógicamente, los bonos de la plaza local; Las cuentas del Estado están en superávit (fiscal y comercial) y el BAE les dedica tapas y columnas de opinión de toda la vieja guardia desarrollista; La desocupación lejos de ser escandalosa (se protegieron 600 mil puestos de trabajo en 15 provincias a través de medidas que frenaron un aplastamiento del desarrollo incipiente local por mercancía importada) es reemplazada por las paritarias, la discusión del salario mínimo nominal que es lo corriente de un país con organización sindical de cierto peso; El combate de la inflación se impulsa con inversión, créditos a las PyMES, asignaciones universales por hijo y programas para sostener el empleo en empresas golpeadas por la crisis global; La UIA estima que en el 2010 se crecerá a un 5.5%; En el 2009 las ganancias de los bancos fueron 70% superiores al año anterior (el 75% le pertenece a la banca privada, esto es, 6109 millones de 8048 millones) por lo que el sistema financiero, que contiene una liquidez amplia (recursos ociosos), bajo un impulso heterodoxo en el Central, presenta la circunstancia de dinamizar la inversión productiva endógena. En el plano de las relaciones internacionales y la diplomacia, el gobierno logra apoyo tanto de la Secretaria de Estado de EE.UU —no solo respecto del uso de las reservas para pagar deuda sino la desclasificación de documentos-archivos de la CIA respecto del terrorismo de Estado y la Corte de EE.UU falla en contra de los fondos buitres que buscaban embargar fondos de la ANSES— como respecto de Malvinas —31 países de América Latina firmaron su respaldo– al tiempo que impulsa el UNASUR y sostiene el MERCOSUR con firmeza.
La judicialización de la política no expresa la irracionalidad de “la oposición” sino la racionalidad de una guerra de todos contra todos bajo un único objetivo: Poner límites. La pregunta es: ¿A qué? A qué todo lo mencionado siga despuntando con vida. Esta mediocridad no es otra cosa que la mediocridad con la cual abordamos las últimas elecciones que en lugar de consagrar a políticos como tales, consagramos a actores como imitadores de políticos que, de todas formas, ya hemos olvidado.
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Entre las fuerzas opositoras que disputan, realmente, poder , el PJ disidente se implica en un programa económico que ya apareció en el Parlamento en tanto propuesta de usar las reservas del BCRA como fondos de apoyo “federales”. Barajaran un esquema devaluatorio que les permita articular a los agrarios y ganarse apoyo de la UIA, con Duhalde a la cabeza (ni Solá, ni Saa, ni Reutemann) para una política respecto del MERCOSUR. Detrás del PJ disidente, se re-articulan las alianzas provinciales del Justicialismo con los sectores agro-industriales y una política económica para favorecer al capital industrial concentrado (competitivo) con presencia en el mercado mundial. Carrió, simplemente, no tiene cabida en este juego, dejada a un costado durante el acto campestre en Palermo. Duhalde será el hombre que más disputará la herencia neo-desarrollista del kirchnerismo, propondrá bajar las retenciones para satisfacer la voracidad de la Sociedad Rural, retrotraer los niveles de rentabilidad al 2004-2007, quizás, acentuando, el dólar caro bajo la bandera del Movimiento Productivista (MPA). El Pj disidente golpeará todo lo que pueda al gobierno para ganar posiciones y se realineará, bruscamente, en torno a la figura de la última encuesta. Mientras al PJ disidente lo mueve la voluntad de vengarse del disciplinamiento con el cual el kirchnerismo organizó a intendentes y gobernadores, la UCR es la que mayor demuestra apetito porque necesita la reconstrucción del poder del Partido, fundamentalmente, a través del comi$iones del Parlamento y todos los espacios que puedan ocupar, de aquí a futuro, en el Estado y su figura de mayor peso (ni Morales, ni Cobos) es Raúl Alfonsín, porque que es el Hijo del Padre y porque su aura parece contrastar con la “dictatorial” Cristina.
Se trata de nuestra realidad, para algunos, una porquería. Para los de siempre, las plantas: Indiferencia. Sea como sea; No hay esquivo inmune: Es nuestra pusilanimidad.
Marzo 2010;
Leonardo Sai
Bibliografía:
1- Thomas Hobbes; Leviathan; Fondo de Cultura Económica.
2- Carlos ABALO; Nueva Burbuja, Emergencia BRIC y conflicto Agrario Pampeano; Revista Socialista.
lunes, marzo 22
lunes, enero 18
Inseguridad ?
La disyuntiva del pobre en Argentina : Robar o Rogar
Verdades y mentiras sobre el tema “inseguridad”
Realmente se prevé en la medida en que se obra, en que se aplica un esfuerzo voluntario y, por tanto, se contribuye concretamente a crear el resultado “previsto”. La previsión se revela, por consiguiente, no como un acto científico de conocimiento, sino como la expresión abstracta del esfuerzo que se hace, el modo práctico de crear una voluntad colectiva.
Antonio Gramsci
A pesar de que no han existido ni pueden existir gobiernos que lleven adelante un liberalismo “puro”, es lícito afirmar que en Argentina vivimos una de las expresiones más intensas de neoliberalismo ideológico y práctico. Efectivamente la corriente neoliberal de los 90 no tuvo en el mundo similares resultados en su aplicación: algunos países apenas vieron trastocados su modelo clásico de organización social (Alemania) y en otros significó una adecuación oportunista (Nueva Zelanda) a un nuevo sistema internacional. Lo absolutamente particular del caso Argentino fue que se concretó la desentronización del Estado como gestor de lo social y luego su desguazamiento privatizado. Como resultado de ese doble movimiento la desocupación alcanzó niveles record, no hubo ninguna red de protección para reincorporar a los desocupados a un mercado de trabajo tecnificado y globalizado y entonces la profundización de la exclusión social fue extrema, millones quedaron fuera
Es que Menem y Cavallo fueron más adelante que nadie en las reformas estructurales, tanto así que eran los “mejores alumnos” de los organismos de crédito internacionales, los más eficaces aplicadores de las medidas elaboradas por el consenso de Washington y los más “convencidamente” ideológicos en un mundo siempre pragmático. Aquí en cambio tuvimos la mano firme de Menem para debilitar al estado y dificultar todo tipo de control sobre el mercado; y si bien el liberalismo sostiene que el estado no debe intervenir, está claro que se trató de una formidable intervención para destruir lo que quedaba del estado peronista –desarrollista. La riqueza de los privados y pobreza de los sectores populares, todo eso se hizo desde el estado.
Múltiples son las penurias sociales que podemos adjudicar al liberalismo extremo de los 90, no es necesario hacer una lista de todas ellas; pero sumadas las más importantes (desempleo, innovación tecnológica sin reconversión de la mano de obra, ausencia de políticas públicas de protección de los sectores más débiles, destrucción de la educación técnica) cristalizan en el aumento notable de la violencia urbana, una parte de este fenómeno es lo que hoy los medios de comunicación llaman con absoluta y pensada imprecisión “ola de inseguridad”.
La posibilidad cierta de ser víctima de la delincuencia es la principal preocupación de los habitantes de las ciudades argentinas. Analicemos brevemente los términos que componen la expresión de marras. No es una “ola” puesto que no se trata de un fenómeno físico, una notable cantidad de actos políticos intencionales han intervenido en la generación de un aumento significativo de los índices de victimización y sólo una voluntad colectiva consciente de sus fines podrá atenuar o terminar con esa realidad típica de donde se aplican políticas liberales. En cuanto al concepto “inseguridad” así utilizado (en par con “ola”) peca de extenso. Forman legítimamente también parte del término el no saber si mañana habrá trabajo, ni cómo responder económicamente ante una enfermedad de los propios hijos, o si llegada la edad necesaria tendré o no una jubilación digna. También si en la ruta no seremos víctimas de un conductor que no respeta las reglas de circulación o si habrá nuevas reformas laborales que precaricen el empleo aun más y , obviamente, si voy a ser asaltado violentamente, todo eso es inseguridad. Pero el uso mediático y de sentido común del término no implica todo lo anterior, sólo hace referencia a la creciente sensación de inseguridad a partir de la difusión del aumento conjunto y exponencial de la tasa de delito y del índice de victimización.
Es necesario realizar una primera aclaración, no se trata de un fenómeno cuyo estructuración en lo sensible se refleje en lo meramente estadístico (la cantidad de delitos cometidos, por ejemplo, durante un semestre) sino que nos enfrentamos a una cuestión más compleja tal como es una sensación. Esto es, una proyección existencial que realiza el ciudadano, y que afecta su vida diaria, destinada a especular sobre las posibilidades que tiene de convertirse en víctima. En muchos casos diríamos que el miedo a padecer un hecho violento -tomándonos una licencia con el arsenal teórico de la psicología- se convierte en angustia anticipatoria.
No todos los delitos inciden de la misma forma sobre la sensación de inseguridad por eso no es una cuestión de reducción de la tasa de delitos. Para ponerlo en términos positivos, si el gobierno consiguiera al mismo tiempo (lo que sería un resultado espectacular) una disminución notable de las estafas, de la violencia doméstica, del trabajo infantil y del proxenetismo, la sensación de inseguridad no se vería afectada en los más mínimo. Es decir, la mayoría los ciudadanos continuarían considerando que los delincuentes están fuera de control, que ellos pueden ser atacados en cualquier momento, y lo que es peor, que deben tomar recaudos particulares para autoprotegerse.
Debemos establecer una afirmación de método: cualquier política que haga hincapié sólo en la reducción del índice de victimización es parcial y ,en último término, ineficiente. Consideramos que el aumento de la delincuencia social esta directamente relacionado con la pobreza y con la falta de oportunidades, en este sentido entonces es que la ausencia de políticas eficientes de integración social, la quiebra fraudulenta o el cierre de una unidad productiva -por ausencia de políticas públicas- comportan también en el mediano o en el largo plazo un aumento seguro de la criminalidad. Asimismo ,en la línea de pensamiento que venimos planteando, una educación pública de baja calidad y que no prepare para el trabajo también afecta en el mediano plaza la sensación de inseguridad. La exclusión persistente y la ausencia de oportunidades provocan siempre la desesperación en los sectores más vulnerables y esto se configura como la base firme para encarar unas “vida delictiva” .
Luego de esta necesaria aclaración surge la primera certeza técnica: una política de seguridad correcta y realista no previene y reprime todos los delitos con igual consideración y recursos, se le debe dar prioridad a aquellos delitos que tienen mayor incidencia sobre el índice de victimización. Para el lego en temas de seguridad, es decir ,el ciudadano común, tal afirmación puede sonar a herejía. Sin embargo para colaborar con la verdad y profundizar la explicación, debemos radicalizar los términos y, por ejemplo, sostener que una buena política de seguridad tendría que desalentar los delitos con armas y (por disyunción) promocionar los que se cometen sin el uso de armas.
¿El Estado promocionando delitos? Parece descabellado, sin embargo lo que es verdaderamente insensato es creer y, a partir de eso, exigir, que la reducción drástica de la estadística delictual en general sea el objetivo específico de la política de seguridad. No contamos con los recursos necesarios para semejante tarea represiva, el presupuesto del estado es escaso y sólo un aumento notable de la presión impositiva podría dotar al Estado de los recursos, ¿están los ciudadanos dispuestos a realizar tal sacrificio en su patrimonio? ¿los políticos pondrían en riesgo posibles votos aumentando considerablemente los impuestos en aras de la seguridad? Pero además, una vez obtenido el financiamiento extraordinario, ¿se puede asegurar que el resultado real sería una baja sustantiva de los delitos cometidos? El pedido constante de “leyes más duras” ,“ mejores armas y equipamiento” y de “reconocimiento al accionar policial” es de larga data y no ha producido hasta ahora más resultados que el aumento de la victimización de ciudadanos comunes por parte de la policía, también conocido como “gatillo fácil”.
Lo que subyace a todo esta problemática y la profundiza en tanto sensación es que los discursos políticos dominantes, específicamente la derecha política y los medios de comunicación masiva intentan convencer (la mayoría de las veces, lográndolo) a porciones numéricamente significativas de la ciudadanía, que con tres o cuatro medidas concretas como las mencionadas anteriormente, el problema de la sensación de inseguridad puede ser resuelto. Y que lograr niveles de seguridad propios de otros tiempos sociopolíticos de la argentina (los 60) o de países donde la distribución del ingreso es progresista (Suecia, Noruega, Canadá), es una tarea posible.
¿Voluntad o estructura?
A partir de la enorme difusión periodística de los casos más truculentos, la derecha dibuja un panorama en donde la cuestión social como origen del delito queda opacada. En los medios se prefiere poner el énfasis en relatar el sufrimiento de las víctimas con todos los detalles, el delincuente es pura maldad, y la conclusión obligatoria es que nada se puede hacer para reformar a tal sujeto.
Y si bien la problemática social referida al delito es ahora medianamente ponderada - y eso es una novedad en el discurso derechista- para evitar confusiones señalan que no es esa la razón principal. Para el sentido común conformado por los medios masivos y la derecha, ser delincuente es el resultado de la elección del propio camino de vida, combinado con la existencia de leyes “benignas” y un sistema judicial garantista que haría menos costosa tal decisión o vocación; hasta se le ha puesto un nombre a esa supuesta actitud “ estar en la fácil”.
Va de suyo que encontrar cierta “viveza” en vivir en condiciones de pobreza extrema , en arriesgar la propia vida en cada hecho o ser adicto al paco y en contar como horizonte cierto la posibilidad de quedar detenido, y llamarle a todo esto, “estar en la fácil”, es sencillamente alocado e insensato.
Según la explicación medio-derechista (los medios y la derecha) el sistema legalista que protege a los “malos” provocaría que cada día haya más delincuentes porque es fácil, sencillo, delinquir.. Este sentido común derechista que se expresa en fórmulas vagas e irracionales, promueve “aforismos” que ya se aceptan en forma casi indiscutible entre la ciudadanía: “entran por una puerta y salen por la otra” , “los derechos humanos son para los delincuentes y no para la gente que trabaja”, “si la policía sabe quienes son por qué no los va a buscar”, “hay que bajar la edad de imputabilidad”, “ hay que subir las penas”, “hay que hacer más cárceles”; a propósito de estas dos últimas aseveraciones, es interesante señalar que se han seguido al pie de la letra y la sensación de inseguridad no ha bajado ni un ápice, es más, ha subido, el hacinamiento en las unidades carcelarias ha aumentado significativamente.
La pregunta que surge de suyo es ¿qué fenómeno social es el que ha producido y sigue produciendo un crecimiento notable de la forma de vida delictiva? o, lo que es lo mismo, pero irónicamente, ¿por qué en los sectores populares se despiertan cada vez más vocaciones delictivas? Parece obvio señalar que aquellos que hoy eligen una vida “tumbera”, realizan su elección fuera de un marco de posibilidades aceptable, en muchos casos, se trata de eso o de morir lentamente de pobreza e inanición ,de allí que hablemos de robar o rogar; la alternativa para los sectores más pobres es ser sujeto de políticas clientelares, de beneficencia, o terminar detenido.
Cualquier respuesta seria debe tener en cuenta la cuestión social, es decir, tomar nota acabadamente de la inaudita exclusión social de la políticas liberales aplicadas en 10 años de menemismo, la fenomenal crisis de 2001 y el fracaso posterior en realizar un proceso de incorporación, no sólo de intentar detener el deterioro. Sin estas consideraciones acercarse al tema seguridad es tocar de oído, hablar por hablar.
Un mínimo de historia y algo de proyección
Si bien es nuestra convicción que los pobres dentro del capitalismo son siempre víctimas, la aparición en la posguerra de un capitalismo organizado, provocó mediante las políticas económicas de protección del mercado y políticas públicas de integración, que el abandonar las condiciones sociales de nacimiento fuera algo posible, real.
En la argentina las políticas económicas y de inclusión del primer peronismo son un excelente ejemplo. Los despojados de todo llegaban a las fábricas instaladas en el cordón industrial bonaerense y se instalaban provisoriamente en “villas de emergencia”, hasta tanto compraran su terreno y pudieran edificar de a poco su casa. Para los 70 ya pasaron a denominarse “villa miseria” y la inclusión social, proyecto al que se avocó con entrega absoluta la generación de los desaparecidos, dejó de estar en la agenda de los gobernantes. La respuesta de la dictadura fue en todo sentido represiva, al que era delincuente social, la cárcel, con un modelo militarizado. En lo político, asesinar al que soñaba y trabajaba para eliminar la exclusión social, esto es, el militante transformado en los 70 en “delincuente político”.
La democracia reconquistada en el 83 nada pudo hacer en cuanto a inclusión social, las crisis económicas recurrentes y las hiperinflaciones ,por el contrario, terminaron expulsando a cientos de miles de personas a la pobreza; en lugar de ascenso social, pauperización.
El modelo menemista vino a profundizar las políticas regresivas de Martínez de Hoz, el resultado que nos interesa para nuestro análisis fue la desocupación del 35 % y la creación de una economía paralela y también el desarrollo precario pero persistente de una cultura de los márgenes. La economía en negro funcionaba con la misma eficiencia que la economía legal, el enorme centro comercial “La salada” es paradigmático ejemplo de esto y una nueva cultura apareció y sorprendió a muchos en la forma de “cumbia villera”. Lo millones que se vieron expulsados de la economía legal no iban a resignarse a morir de hambre, esto es algo obvio. Es en este contexto y no en otro en donde aparece el fenómeno de la delincuencia generalizada, y, obviamente, la explosión de los índices de victimización.
Cinco años sin trabajo en la vida de una persona son muchos, una década directamente vuelca el horizonte vida de alguien hacia un lado u otro. Hubo miles de personas que aunque educadas en valores burgueses, tuvieron que aceptar día a día que tales valores eran impracticables en el contexto en que vivían. Sus hijos, socializados en ese tiempo político-social, ni siquiera recibieron tal educación sustentada en valores burgueses de honestidad y trabajo. Casi podía predecirse la aparición de los llamados “pibes chorros”, jóvenes y adolescentes que aprendieron a ser duros en un contexto de inusual dureza.
En la historia del delito previa a los 90 podemos afirmar que ser delincuente tenía que ver con una ubicación social desfavorecida, también una familia disfuncional y con un componente volitivo importante. El delito a partir de los 90 cambia, ya no se trata de un ladrón , digamos profesional, que maneja códigos burgueses (no meterse con ancianas o embarazadas, por ejemplo) y que hace inteligencia previa al hecho delictivo, o tiene un “dato”. Aparecen los “delitos al boleo” es decir un grupo de “pibes” que salen a buscar lo que desean en cualquier lado, a cualquier hora, eligiendo a la víctima por su potencial indefensión, mientras más débil, mejor candidato.
Las imágenes a veces complementan perfectamente una idea. Uno de los creadores del liberalismo, Thomas Hobbes, sostenía que sin un poder absoluto que ordenara …”el hombre es lobo del hombre”, a esa situación le llamaba “estado de naturaleza”. Cuando observamos la crueldad del mundo natural por medio de documentales contemplamos horrorizados como los leones o las hienas atacan a las crías o a los más viejos de otros especies. Algo en este sentido es lo que ocurre hoy en día y se nos presenta como nueva delincuencia, ausencia de reglas o códigos, estado de naturaleza puro, incluso superándolo del lado humano, el animal no mata porque sí, sólo lo hace para comer. Está claro entonces que los 10 años de neoliberalismo menemista significaron una ruptura social que estamos pagando en términos de inclusión social, cultura, ética y que se concretiza fundamentalmente en inseguridad para todos los sectores sociales. Los pobres doblemente golpeados por las condiciones sociales y la delincuencia, y los sectores medios y altos que temen ser victimizados y no pueden disfrutar de lo que han logrado económicamente.
A propósito de la expresión utilizada “lo propio de lo humano”, está claro que no hablamos de una carga genética: lo humano no surge de suyo, es un acto de enseñanza, ya sea por omisión o por acción alguien nos dice esto es humano, o lo que es lo mismo, esto es lo que hacemos los humanos, la humanidad o no de una acción es una creación social. La generación que vivió una infancia miserable durante los 90 no ha sido educada en valores sino en desvalores, o mejor, en valores utilitarios a los fines de mantener la pura vida humana. Si comer es hoy es una aventura, toda acción se encuentra justificada, se trata de una cuasi guerra, y en ella robar, mentir, matar y atacar al más débil son acciones necesarias. Esta idea ha sido expuesta de diversas maneras, elegimos la de Johnny Roten “ donde no hay futuro, no hay pecado”.
Depende del estado que exista futuro para los sectores marginalizados , no será con más violencia que se solucione el problema de la violencia. Mucho menos pensando estúpidamente que el número de potenciales delincuentes es finito y que edificando un número de cárceles que los alojen terminará la delincuencia. Es necesario llevar adelante políticas públicas de integración y educación para el trabajo, políticas económicas que alienten el empleo y políticas sociales que incorporen a todos y no dejen a ningún habitante de la argentina en estado de indefensión. No sólo esto , realizar la política es importante, luego, inmediatamente ver , controlar el funcionamiento, de eso se trata lo que sigue. Ver como se implementa una buena idea, y comprender que si la concreción es defectuosa la idea ya no sirve si no se corrige.
De esto se trata lo que sigue, contar la experiencia de la implementación de una acción pública por medio de una serie de planes del ministerio de trabajo, en un distrito del 2° cordón.
Algunas ideas sobre los planes sociales
Informe sobre desocupados
[1]
Durante el año 2008 y parte de 2009 trabajé en una municipalidad del conurbano bonaerense (2° cordón) dictando talleres para desocupados organizados por el ministerio de trabajo, específicamente los llamados Orientación laboral (OL) y Apoyo a la búsqueda de empleo (ABE), el tercer taller programado se llamaba Organización del trabajo independiente [2] (OTI), pero yo nunca lo di por una cuestión de división interna del trabajo con el otro docente asignado a ese municipio.
Mi intención al realizar y dar a conocer este informe es fomentar el debate sobre algunos temas puntuales referidos a políticas sociales, informar a aquellos que desconocen supinamente el tema, y, sobre todo, poner de manifiesto la afectación de la dimensión humana, esto es, la enorme repercusión social que tiene cualquier decisión política.
Muchos de los asistentes a los talleres pertenecían al sector más débil en recursos culturales, económicos, emotivos, etc. de toda la población, y no cabe duda que de acuerdo a la orientación política de un gobierno su suerte cambia notablemente. No exagero en absoluto si sostengo, por ejemplo, que padres e hijos vieron sus vidas negativa y definitivamente modificadas por las políticas neoliberales de los 90; los padres al quedarse fuera del mercado formal por demasiado tiempo, los hijos porque, a consecuencia de aquellas políticas, pretenden o lo han intentado, ingresar a un mercado laboral cada día más competitivo, exigente y desreglado. Creo con convicción, como lo venimos señalando, que en este punto las políticas de reinserción laboral pierden especificidad para tornarse la puerta de entrada a cualquier otra política posible como la de seguridad, salud o educación, más claro, la alternativa cierta de los sectores pobres no puede seguir siendo robar (a los particulares) o rogar (al estado o entidades de beneficencia). Sin empleo e ingresos suficientes una sociedad segura, educada o saludable es simplemente, únicamente, un sueño.
¿Quiénes y a qué venían?
Es fundamental señalar el origen de estos talleres: como resultado de la finalización de los ultramencionados y ultracriticados, planes Jefes y Jefas de hogar, se les ofreció a los beneficiarios que no calificaban para el plan Familias pasar al Seguro de Capacitación y Empleo. En el caso de aceptar este último cobrarían 225 pesos por mes durante los primeros 18 meses y 250 los últimos seis meses, debían capacitarse, realizar cursos, aprender saberes formalizados[3] y acercarse a la Oficina de Empleo[4] para seguir cobrando con continuidad el seguro. A su finalización, es decir luego de dos años, los beneficiarios, o buena parte de ellos, debían estar listos para volver a los mercados laborales en la forma tradicional de búsqueda o capacitados para comenzar y/o continuar con un proyecto de autoempleo. A este grupo social fue al que le dicté los talleres del ministerio: una primera precisión es que las mujeres eran absoluta mayoría, llegando a ser por lo común el 75 % de los presentes o más.
Para definir con propiedad debería aclarar que grupo estatal y social, siendo conceptos diversos, en esta situación son una y la misma cosa. Los beneficiarios constituían un grupo sólo por el hecho de ser desocupados que aceptaron el seguro de capacitación y empleo y tenían domicilio en el mismo distrito. La acción estatal los conformó en tanto grupo y lo único que se desprende de tal hecho es, efectivamente, la pura estatalidad y su poderosa discrecionalidad. Lo realizado no es necesariamente acción política[5], ni en cuanto a su precisión definicional, ni en lo referente al hecho mismo. Es la consagración de lo puramente social, lo estadístico, pero también podríamos llamarlo lo “meramente” social, que en este y otros múltiples casos, no es suficiente para conformar una unidad sustantiva, significativa, mucho menos que otorgue visibilidad o sentido.
Va de suyo que aunque signifique adelantar una conclusión, y si bien todos mis alumnos eran personas pobres, tal universalidad social tautológica es la única que es lícito inferir, en lo demás la variedad era la característica central: de ideología, de formación, de capital social, de situación económica, de origen social, de origen étnico, de religión, de ascendencia, de profesiones, de saberes, de perspectivas, de visiones de futuro; en definitiva, pluralidad real en su más amplia expresión. Pongo de manifiesto esta certeza seguramente porque mi prejuicio antes de encontrarme dictando los talleres era que un importante nivel de homogeneidad iba a ser la característica central.
¿Por qué venían?
Una primera cuestión que debe figurar en cualquier informe es que la asistencia a los talleres era obligatoria. La convocatoria a veces era suave, medida, haciendo hincapié en la utilidad del taller, otras, en cambio, se configuraba como una verdadera apretada (si no venís te quedás sin plan)-, corría por cuenta de la entidad que me contrataba, la Oficina de Empleo del distrito, sin que los docentes pudiéramos hacer nada para modificar el estado de cosas[6]. El ánimo de algunos de los alumnos, por el efecto del tipo de convocatoria intimidante, no era el deseable, pero, y es un acto de justicia señalarlo, los docentes contábamos en general con la buena predisposición de la gente, otras, con su resignación.
Los talleres comenzaban con la presentación del docente e información sobre otras alternativas en el Ministerio de Trabajo o en la Oficina de Empleo. Luego una explicación básica de lo que se iba a hacer y a continuación se invitaba a los presentes para que cada uno contara sus vivencias laborales y nos hablara sobre sus planes para el futuro. Los asistentes en lo cuantitativo conformaban un plantel numérico dispar, a veces muy pocos (4 o 5), otras, demasiados (29 o 30). El promedio era alrededor de 12 a 18 personas, a la luz de 10 meses de experiencia puedo valorar que ese número promedio de asistentes también es el ideal para la dinámica de los talleres.
El material de trabajo ideado por el ministerio, me refiero a los manuales, del capacitador y del capacitado, era adecuado, en el caso de ABE, un poco menos, en el caso de OL. Unas de las razones de la inadecuación del material de OL era, digamos así, estructural, porque las características del taller -centrado en las experiencias de vida de los asistentes- ponían la propia disposición de cada uno a participar en un lugar estelar. El taller de ABE era mucho más específico que el de OL, se le daban al asistente herramientas más concretas y objetivas y por lo tanto el desarrollo dependía menos de los participantes y más de los docentes. En definitiva Ayuda a la Búsqueda de Empleo contiene elementos mucho más visibles para el beneficiario que los que le puede aportar OL, además por la edad de los participantes (mayores en OL, de menor edad en ABE) las intervenciones eran distintas en calidad y cantidad.
En el primer caso, OL, los participantes contaban en muchos casos con dificultades insalvables para llenar las fichas y presentarse; timidez y analfabetismo iban en general de la mano y conformaban un panorama difícil para el asistente y para el desarrollo del taller. También el grado de deterioro emocional era significativo e inocultable en algunos de los asistentes a OL. Distinta era la situación en Ayuda a la búsqueda de empleo, como señalaba más atrás, este último taller se refería a cuestiones que aquellos que tienen poca experiencia en los mercados laborales valoran especialmente: desde cómo hacer correctamente un curriculum vitae, hasta como pararse frente a una entrevista laboral, o redactar una carta de presentación correctamente. En el otro taller, OL, se trataba de hacer pensar a los participantes sobre el futuro laboral personal y hablar del presente y del pasado del mercado laboral en forma reflexiva; a veces era muy difícil realizar este primer logro, buena parte del primer día se consumía en quejas, casi siempre justificadas, de los asistentes hacia la situación política general y la propia en particular. Sobre las quejas será necesario dedicar un párrafo especial.
Este señalamiento no significa en modo alguno una opinión absolutamente crítica sobre los talleres de Orientación Laboral, hablo simplemente del grado de dificultad para integrarse a la temática y a la dinámica grupal de uno y otro taller.
Algunas características particulares de la implementación en el distrito
La obligatoriedad de la capacitación generó una estrategia de balance[7] en dónde lo que importaba en el distrito era ofrecer cursos, vaya paradoja, los carentes de ingresos significaron un aumento en el ingreso de otras personas. Incluso escuelas estatales cobraban una cooperadora de 30 o 40 $ por mes lo cual estaba reñido con cualquier regla ética (aprovecharse del desocupado). Se llegó a dar cualquier curso, los que hubiera disponibles o los que podían dictar los amigos del poder local, pero también entraron en esto entidades estatales o privadas. Los cursos muchas veces no estaban relacionados ni con lo que se necesitaba de mano de obra en la zona, ni con lo que podía tener algún tipo de salida laboral. Por poner sólo dos ejemplos que asustan y ofenden, algunas de las asistentes a mis talleres (15, tal vez 20 a lo largo del año) hicieron el curso de Ceremonial y Protocolo, otras, en un número no menor, el de operadoras de electrocardiógrafo, resulta obvio que conseguir un trabajo a partir de tales capacitaciones, ya en Capital Federal sería extremadamente difícil, en el segundo cordón bonaerense, casi, imposible.
El estado nacional además ofrecía viáticos de 50 $ mensuales a los beneficiarios que terminarán la primaria o la secundaria, muchos lo estaban haciendo, -es preciso señalar que había dificultades para el cobro de los viáticos-, otros, aún peor, nunca habían cobrado el plus, sin embargo hay que decir que completar los estudios era una buena iniciativa que muchos tomaban, en algunos casos, estratégicamente (por el dinero mismo), en otros con alegría y orgullo porque finalmente estaban aprendiendo a leer y escribir..
Los problemas de implementación no nos deben obstaculizar observar la importancia al beneficio otorgado por estudiar. Muchas mujeres que su única inserción laboral había sido la limpieza en casas de familia, desde muy chicas y hasta avanzada edad y, por lo tanto, les había sido imposible estudiar, lo estaban haciendo actualmente. En parte por el viático y también porque no podían anotarse en cursos de capacitación sino tenían la primaria terminada. Como señalé más atrás, la nota distintiva en algunas de ellas era el orgullo por que ya podían leer o escribir. Valoramos aun más esta situación si tenemos en cuenta que en casi todos los talleres de Orientación laboral, hubo siempre entre uno y tres asistentes que no llenaron ninguna de las 4 fichas con las que se trabajaba por no saber leer ni escribir.
Casi todos los cursos necesarios para la continuidad en el seguro de capacitación se daban en Centros de Formación Profesional estatales o en la Secretaría de cultura municipal, en ambos casos cobraban matrícula, cooperadora o gastos de materiales, desde 25 y hasta 50 pesos por mes. Muchos de los asistentes a mis talleres se quejaban de tal situación, la estrategia de algunos era entonces elegir la capacitación por la gratuidad. Como anécdota graciosa pero valiosa y concluyente por su capacidad de ilustración, así me ocurrió una vez: en el momento de las presentaciones una de las asistentes, mayor de 50 años ella, me dice: “por el plan estoy haciendo el curso de guitarra”, ah le dige, ¿te gusta la música? Y me respondió, “no, la verdad nunca me interesó, lo hago simplemente porque no me cobran nada y no me joden con las faltas”. En este caso salta a la vista lo antes señalado, la política de balance, pues sólo se puede entender que el municipio autorice un curso de guitarra para desocupados si él que lo da es hijo, nieto o sobrino de alguien relacionado con el poder político local.
Había otros casos menos obvio pero tan inútiles como aquí, muchas mujeres estudiando peluquería, tal vez 3 o 4 por taller, ¿necesitará este distrito de tantas peluqueras? o reposteras, o artesanas en porcelana fría o cocineras. La pregunta válida que surge es, se planificó de acuerdo a las necesidades distritales y desde allí se ofrecieron las capacitaciones de acuerdo a los requerimientos del lugar o simplemente se abrió la oferta de cursos, la respuesta parece quedar, claramente, de este lado.
También recibieron cursos los beneficiarios-desocupados por parte de algunos sindicatos con subsedes en el distrito, en el caso de mi distrito de la UOCRA y del Sindicato de la Alimentación, en ambos casos, con muy buena recepción en los asistentes, muchos inscriptos y además allí se les pagaba un viático mensual, cercano a los 50 $.
Todas estas actividades se daban en el edificio de la Oficina de Empleo creada para esta tarea, atender a los desocupados, capacitar y realizar contactos con los parques industriales zonales para las empresas tomaran preferencialmente desocupados.
Las relaciones sociales
Un párrafo aparte merecen los empleados de la Oficina de Empleo respecto del modo en que atendían a los desocupados. La característica central era la desconfianza, porque partían de un prejuicio que en algunos casos, y sólo en esos pocos casos, era empíricamente verificable: este tiene laburo y, obviamente, más ingresos, por eso no quiere venir, o no puede, cuando lo convocamos para los talleres o para búsquedas laborales, “es un vivo bárbaro y deberíamos suspenderle el plan”.
Esta verdad parcial, la de que una parte de los beneficiarios cuenta con otros ingresos, formaba parte del sentido común del administrativo de la oficina de empleo, sentido común compartido con buena parte de la sociedad y, obviamente con la clase media[8] en cuanto a ubicar la figura del beneficiario entre la de un vivo y la de un sinvergüenza que cobra 225 pesos por mes del estado y tiene trabajo o ingresos por otro lado.
Estamos interesados-influidos en lo que Gramsci llamó “origen práctico del error” y una forma de explicar el recorrido es ver como se forma este pobre sentido común. Primero con retazos muy generales de filosofías que se han vuelto normas de vida como una religión o una ideología política, ejemplo aplicable a nuestro caso es el “debe trabajar el hombre para ganarse su pan”[9] colocado en la boca de un personaje mítico como Martín Fierro y repetido acríticamente por generaciones, aunque también es tan antiguo como el bíblico “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.
Luego es útil analizar algunos resultados de la crisis de 2001 y ver un primer momento de legitimidad para la ayuda social y a partir de la recomposición económica de la clase media la pérdida de tal legitimidad. “No quieren trabajar”, “viven del estado y de la dádiva”, “que hagan algo por esa plata, ya quisiera yo ganar 150 $ gratis”, “en mucho lugares no se consiguen ni chicas de limpieza ni albañiles porque les conviene cobrar el plan sin hacer nada”, y toda una serie de afirmaciones calificables como temerarias o desinformadas, cuando no fascistas, respecto de este tema.
Uno de los elementos de la realidad más dinámicos que tienen directa influencia en que buena parte de los que cobran plan no puedan dejarlo tiene que ver con la realidad del trabajo informal y como reacción estratégica frente al contrato basura. Ningún actor racional, y se trata aquí de que juzguemos a todos con estos módulos (a todas las clases), dejaría un ingreso informal pongamos de 1500 $ con plan incluido, por uno en blanco de 1500 $ también pero sólo asegurado por 5 o 6 meses, que es el tiempo promedio que duran los trabajadores, por ejemplo, de las agencias de seguridad o en los supermercados que hacen pedidos en la Oficina de Empleo del distrito. El estado nacional debería haber terminado hace tiempo con la flexibilización laboral de los 90 y mucho más con los contratos basura; esta hubiera sido una medida de enorme alcance respecto de la problemática que tratamos.
¿Cómo se forma y cristaliza el preconcepto? En general el prejuicio se consolida a partir de considerar a un supuesto grupo familiar y sostener que ambos cónyuges cobran plan (500$), que hacen changas, que reciben mercadería del estado, que van a comedores y que finalmente viven bien sin trabajar porque son vagos, digamos, “de alma”, o alguna idiotez por el estilo. Recuerdo algún mail derechoso firmado por una indignada señora de clase media que sumaba las propinas obtenidas por un chico en situación de calle lavando parabrisas por 6 horas diarias y le daba un ingreso mensual superior a su hija que se había recibido en la UADE de Licenciada en Administración con promedio de 9.
En el caso de nuestra oficina, pero podría ser dicho de cualquiera de los empleados de las oficinas de empleo del país, consideraban un robo al estado lo que realizaban los beneficiarios, lo decían precisamente ellos que no podrían pasar ninguna (ni la más sencilla o tomada con extrema bonomía) prueba de productividad, con sueldos en promedio de 1400 $, les era imposible atender a más de 8 personas por jornada en un trabajo a media máquina de 5 horas por día.
Para ejemplificar la consideración de los empleados hacia los desocupados es suficiente que relate lo siguiente: en un día caluroso, de más de 32º, teníamos sólo un ventilador para unas 15 personas, entre ellas 2 embarazadas, salí del aula por dos minutos a buscar un nuevo marcador y cuando volví uno de los empleados de la Oficina de Empleo se había llevado para su oficina el ventilador dejándonos sin aire, esa es la consideración en que el empleado de la oficina tiene en general al desocupado.
Algo más sobre la convocatoria
Uno de los problemas recurrentes era la convocatoria que como señalé antes oscilaba entre el apriete y el desinterés, sin lograr un punto medio. Lo que complicaba en muchos casos aún más la asistencia era que muchos de los beneficiarios eran parte de estructuras políticas clientelares descentralizadas y había que primero reunir información sobre de quién [10] era tal beneficiario y luego pasar por el visto bueno de la autoridad de origen (cacique político) para que la convocatoria se concretara en asistencia. De hecho, como nota fuerte, pero simpática, no era raro que se presentara alguien antes del comienzo del taller diciendo “ profe , yo soy de tal…,hace falta que me quede para que me den el presente? Recordemos que tanto OL (orientación laboral) como ABE (ayuda a la búsqueda de empleo) se desarrollaban durante 2 días, con una duración promedio de 3 horas, y para tener el presente había que asistir los dos días.
La duración prevista para OL era de 4 horas reloj, un verdadero despropósito, en nuestra experiencia cada grupo presentaba características distintas y de acuerdo a eso la cantidad de tiempo de cada taller, e incluso los temas o actividades que entraban para el 1º o 2º día. En OL el momento de la presentación personal, si el grupo era numeroso, se devoraba buena parte del primer día, sino lo era, y era muy pequeño, el riesgo era el contrario, es decir que el primer día tuviera una duración de no más de 2.30 horas. ABE era mucho más sencillo para realizar y calcular, salvo cuando tuve grupos demasiado grandes, todos los temas podían ser tocados y tratados en profundidad con 2.40 horas de cada día.
Sobre las quejas de los asistentes
“Dígale a Cristina que nosotros la votamos y ella se ha olvidado de los pobres”; “¿de verdad usted me quiere hacer creer que lo que yo diga acá es libre y no le llega al intendente o al secretario de gobierno?, ¿y a Usted, quién lo puso? Una de la estrategias de relación que rápidamente utilicé (no sólo estrategia sino también en gran parte, realidad) fue mostrar que no tenía una relación formal con el gobierno nacional, “no soy del ministerio y si la veo a Cristina le agrego a lo de ustedes, lo mío, y tampoco pertenezco al municipio, soy de Villa Crespo y me paga la UBA así que pueden decir los que les parece del intendente o de sus funcionarios”. En no pocos casos, al comienzo de los talleres, la sensación de los asistentes era del tipo “Gran Hermano”, todo puede ser escuchado y tener como resultado que me den de baja el plan. Situación dolorosa y difícil para el docente que siente la desconfianza y tiene que remontar el recorrido del taller; no se trata de una cuestión simplemente moral (del tipo no quiero pasar por agente encubierto[11] del gobierno o del municipio), sino que es absolutamente necesario para cualquier relación docente-alumno que se genere confianza, una vez logrado esto estaba claro que el 2º día era el mejor.
No era el único tipo de quejas, tanto en OL como en ABE el docente debe hablar sobre las características del mercado laboral actual, y entre otras cosas, señalar que, digamos, objetivamente, han aumentado los requisitos de capacitación y que, entre otras características, los adelantos tecnológicos destruyen empleo. Al llegar a esta parte la reacción era en general indignada, ¿y a usted le parece que eso está bien? era la pregunta generalizada. En el curso de ABE cobraba cierto dramatismo afirmar casi quirúrgicamente que habían aumentado los requisitos, teniendo en cuenta que de cada 10 chicas, 5 o 6 tenían secundario completo y algún curso (computación, incluso inglés) más y sólo habían trabajado en limpieza, aquí la teoría del “Capital Social” se ajusta perfectamente a la realidad.
Los asistentes a ambos cursos tenían fuertes críticas respecto de la labor de la Oficina de Empleo, en primer lugar, al erigirse en la representante del estado más inmediatamente cercana a ellos, sentían, precisamente, que las autoridades políticas hacían poco y nada para conseguirles trabajo[12].
En OL la indignación surgía contra los requisitos referidos a la edad, “profe no hay avisos para mayores de 40 años ¿de qué voy a trabajar?, además cuando se planteaba la alternativa de reconvertirse, de pensar una salida laboral de autoempleo a partir los cursos de capacitación que se habían hecho, la reacción era de descreimiento, o de angustia e impotencia, “se hacer souvenirs, comida o prendas (tejidas, de confección) ¿adónde las voy a vender?, yo trabajé siempre en limpieza, no soy vendedora, ni cuentapropista, yo lo que quiero es un trabajo con sueldo”.
Cuestión de alternativas
¿Pretende el ministerio que todos –o un número significativo de ellos- los beneficiarios de planes sociales se transformen en microemprendedores? Estoy seguro que no; sin embargo a partir de diversos planes, como el “manos a la obra” o el “pago único”, se ha intentado un camino en ese sentido – en el sentido del autoempleo- y mi experiencia en los talleres indica que sólo un número muy pequeño de beneficiarios de planes sociales estarían en condiciones de transformarse en microemprendedores. En los talleres de OL cuando presentaba esta alternativa, o cuando les contaba de la posibilidad del “pago único” ,algunos interesados en comprar una máquina o en fabricar o hacer algo, me preguntaban, ¿sólo o asociado?. Cuando conocían el requisito de asociación lo rechazaban, incluso hasta se enojaban, y cual si fuera una verdad bíblica, la mayoría de los asistentes sostenían que las sociedades funcionan mal, apoyándose en dichos como “mejor sólo que mal acompañado” o “el buey sólo bien se lame” o el más sofisticado “si hacés una sociedad con una amigo o familiar, después perdés la sociedad y el familiar o amigo”
He aquí una limitación cultural importante , el asociacionismo no se implanta por injerto, pero es parte fundamental de la cultura política de un país. Sobre su significación democrática y de iniciativa basta con releer un libro central de la sociología y la política como “La democracia en América” de Alexis de Tocqueville, allí el autor sostiene que asociarse es de carácter constitutivo para las democracias, ya sea como escuelas de participación o para que los hombres hagan juntos lo que no podrían hacer separados.
En nuestro municipio los proyectos preferidos por los beneficiarios eran en solitario, la mayoría consideraba una pesada carga, cuando no una burla, el proyecto societario, inclusive, luego de un arduo debate en el taller y cuando surgía que era obvio que 3 o 4 de ellas cocían, hacían ropa o tejían y podían potenciar el negocio asociándose, la negativa se repetía, ya sin más argumentos que “un vecino, amigo, pariente, que yo conozco se asoció y le, fue mal “ o aun peor “si es con otro, no me interesa”.
Las historias de vida y las expectativas
Hablé al principio de la pluralidad entre los asistentes, veamos: tuve, desde un relojero que tuvo 3 sucursales propias en zona norte y ahora quería ser entrenador de atletismo, hasta un caddie que en tiempos de trabajo sus ingresos mensuales superaban los 3000 pesos, o una niñera que conocía Paris, Roma y veraneaba en Punta del Este y hasta una mujer de 57 años que jamás trabajó fuera de su casa y tenía dos propiedades alquiladas. Desde ya estos casos no conformaban la normalidad de los asistentes, pero tampoco podría asegurarse que sus historias eran absolutamente excepcionales. Entre mis alumnos la postulación respecto a la pauperización de un sector importante de la clase media a partir de 2001 era absolutamente certera.
¿Cuál era entonces el tipo ideal de asistente, el caso típico? Hablamos de una mujer de entre 45 (también de mucho menos) y 64 años, con primaria incompleta o analfabeta, que trabajó (o todavía hoy hace algunas changas) en casas de familia y que ya no consigue con continuidad por la edad o por que tiene problemas de salud importantes. Para brindar un indicador numérico digamos que en todos los talleres había por lo menos 3 o 4 de estos casos. Recordemos también que para poder asistir a las capacitaciones en los centros estatales pedían certificado de primaria o saber leer y escribir bien, lo que en ambos casos les cerraba la posibilidad de capacitarse. Tuve pocos asistentes varones pero entre ellos esta historia se repetía en lo referente a problemas de salud, edad y semi o analfabetismo, el rubro cambiaba, limpieza para las mujeres, construcción para los varones.
En un momento del taller de OL (orientación laboral) el docente induce a pensar en el futuro laboral, tarea muchas veces difícil, incluso para los más jóvenes por motivos diversos [13], las mujeres más grandes decían “profe mi proyecto es jubilarme, ya laburé demasiado, además quién me va a tomar a los 59 años (el número podemos reemplazarlo desde 55 y hasta 64)”; las capacitaciones recibidas o los estudios completados tenían una función de integración social, casi como desarrollar un hobby, o despuntar un viejo anhelo, pero es insensato pensar que mujeres de esa edad van a reconvertirse e insertarse en el mercado laboral como cuentapropistas.
La verdadera opción, todos lo deberíamos saber, es una jubilación adelantada, si además esa persona quiere hacer algo en la casa , mejor, pero no hay espacio real para otra proyección más que esa. Sospecho que muchas de las medidas necesarias, realistas sobre estos temas no se han tomado porque el sentido común de las clases medias no las soportaría.
Lo mismo podemos decir del tema inseguridad como lo hemos planteado al principio, pensemos en el siguiente planteo, suben los asaltos con violencia, la alternativa realista es ¿bajar la pena a los sin violencia o subirlas a los con violencia? ¿Promocionar el delito no violento o insistir con el aumento de penas que ya ha fracasado y vuelto a fracasar?. Intentar reinsertar en el marcado a las/los que tienen entre 55 y 64 es además de irreal un esfuerzo vano porque significa sacarles puestos de trabajo a los jóvenes que son los que tiene capacidad de dañar y de hacerse daño, la jubilación anticipada es la solución. Todo lo que se gasta en política social se ahorra en otros rubros estatales, evitar la marginalidad y promover la integración es la única tarea política real.
[1] Plantea ya el título un problema, ¿son beneficiarios de planes sociales o desocupados, o subocupados?, a lo largo de la reflexión prometo elegir una palabra para definirlos. Además beneficiario se parece demasiado a beneficiado.
[2] Relacionado con el sistema de “Pago único”, es decir la posibilidad del beneficiario de pedir lo que le restaba de plan en un solo pago para la compra de máquinas o de insumos.
[3] Obtener el título era lo que valía de allí la calificación de “formalizado”. Lo importante no era si el beneficiario había aprendido algo, sino si tenía el certificado
[4] Organismo creado ad hoc y que recibe fondos ministeriales para algunas de sus funciones, en muchísimas municipalidades del país. El fin, acrecentar las oportunidades de reinsertarse de los beneficiarios de planes sociales a partir de capacitaciones y convenios con el sector privado de cada localidad para que se les de preferencia.
[5] Prometo profundizar la cuestión más adelante partiendo de una convicción: no todo lo que hace el estado es político. La pura administración, también lo que últimamente en teoría política se llama “policía”, “gestión”, “demanda democrática”, a veces es, incluso, lo contrario de lo político.
[6] La convocatoria se hacía telefónicamente en días y horarios en que no estábamos los docentes.
[7] Le llamo de tal manera haciendo referencia a la economía soviética, en donde importaba más fabricar los 5000 tractores que el partido comunista se había autoimpuesto como meta que saber sin funcionaban o eran apropiados para la producción.
[8] En el conflicto gobierno-campo, el sector del campo reclamaba para sí un mayor grado de legitimidad ya que los que iban a actos del gobierno cobraban “planes sociales”. Los periodistas perdiendo toda objetividad sostenían que la gente que fue a Rosario o a Palermo no era “llevada” sino que concurría “por sus propios medios”. Cobrar planes sociales se transformó casi en una declaración de culpabilidad, para la clase media.
[9] Unos de los consejos más conocidos de Martín Fierro.
[10] Es necesario hacer más adelante alguna consideración sobre las prácticas clientelares, sin embargo a los fines de la presentación y de la coherencia en el relato doy por natural y sobreentendida una expresión tal como “de quién” era una persona.
[11] Coloquialmente, buchón.
[12] Sobre esto también dedicaré un párrafo más adelante.
[13] Reitero, pues no es algo menor, que en los cursos de ABE las chicas tenían entre 20 y 35 años y en muchos casos con secundario completo y cursos de capacitación en ingles o computación. Cuando contaban su trayectoria laboral saltaba a la vista que sólo habían conseguido en limpieza. Es más, muchas de ellas tenían el “sueño” de trabajar en una fábrica. Surge como necesario citar al gran Florestán Fernándes cuando afirmaba que en Latinoamérica, cosa que no ocurría en Europa, existía el privilegio de ser obrero-explotado. Esto para reafirmar que a nadie le gusta especialmente trabajar en una fábrica pero los sueldos de convenio, trabajar en blanco y tener derechos laborales es una oferta que al lado de la informalidad de ser la “muchacha” se torna un verdadero “sueño”.
Verdades y mentiras sobre el tema “inseguridad”
Realmente se prevé en la medida en que se obra, en que se aplica un esfuerzo voluntario y, por tanto, se contribuye concretamente a crear el resultado “previsto”. La previsión se revela, por consiguiente, no como un acto científico de conocimiento, sino como la expresión abstracta del esfuerzo que se hace, el modo práctico de crear una voluntad colectiva.
Antonio Gramsci
A pesar de que no han existido ni pueden existir gobiernos que lleven adelante un liberalismo “puro”, es lícito afirmar que en Argentina vivimos una de las expresiones más intensas de neoliberalismo ideológico y práctico. Efectivamente la corriente neoliberal de los 90 no tuvo en el mundo similares resultados en su aplicación: algunos países apenas vieron trastocados su modelo clásico de organización social (Alemania) y en otros significó una adecuación oportunista (Nueva Zelanda) a un nuevo sistema internacional. Lo absolutamente particular del caso Argentino fue que se concretó la desentronización del Estado como gestor de lo social y luego su desguazamiento privatizado. Como resultado de ese doble movimiento la desocupación alcanzó niveles record, no hubo ninguna red de protección para reincorporar a los desocupados a un mercado de trabajo tecnificado y globalizado y entonces la profundización de la exclusión social fue extrema, millones quedaron fuera
Es que Menem y Cavallo fueron más adelante que nadie en las reformas estructurales, tanto así que eran los “mejores alumnos” de los organismos de crédito internacionales, los más eficaces aplicadores de las medidas elaboradas por el consenso de Washington y los más “convencidamente” ideológicos en un mundo siempre pragmático. Aquí en cambio tuvimos la mano firme de Menem para debilitar al estado y dificultar todo tipo de control sobre el mercado; y si bien el liberalismo sostiene que el estado no debe intervenir, está claro que se trató de una formidable intervención para destruir lo que quedaba del estado peronista –desarrollista. La riqueza de los privados y pobreza de los sectores populares, todo eso se hizo desde el estado.
Múltiples son las penurias sociales que podemos adjudicar al liberalismo extremo de los 90, no es necesario hacer una lista de todas ellas; pero sumadas las más importantes (desempleo, innovación tecnológica sin reconversión de la mano de obra, ausencia de políticas públicas de protección de los sectores más débiles, destrucción de la educación técnica) cristalizan en el aumento notable de la violencia urbana, una parte de este fenómeno es lo que hoy los medios de comunicación llaman con absoluta y pensada imprecisión “ola de inseguridad”.
La posibilidad cierta de ser víctima de la delincuencia es la principal preocupación de los habitantes de las ciudades argentinas. Analicemos brevemente los términos que componen la expresión de marras. No es una “ola” puesto que no se trata de un fenómeno físico, una notable cantidad de actos políticos intencionales han intervenido en la generación de un aumento significativo de los índices de victimización y sólo una voluntad colectiva consciente de sus fines podrá atenuar o terminar con esa realidad típica de donde se aplican políticas liberales. En cuanto al concepto “inseguridad” así utilizado (en par con “ola”) peca de extenso. Forman legítimamente también parte del término el no saber si mañana habrá trabajo, ni cómo responder económicamente ante una enfermedad de los propios hijos, o si llegada la edad necesaria tendré o no una jubilación digna. También si en la ruta no seremos víctimas de un conductor que no respeta las reglas de circulación o si habrá nuevas reformas laborales que precaricen el empleo aun más y , obviamente, si voy a ser asaltado violentamente, todo eso es inseguridad. Pero el uso mediático y de sentido común del término no implica todo lo anterior, sólo hace referencia a la creciente sensación de inseguridad a partir de la difusión del aumento conjunto y exponencial de la tasa de delito y del índice de victimización.
Es necesario realizar una primera aclaración, no se trata de un fenómeno cuyo estructuración en lo sensible se refleje en lo meramente estadístico (la cantidad de delitos cometidos, por ejemplo, durante un semestre) sino que nos enfrentamos a una cuestión más compleja tal como es una sensación. Esto es, una proyección existencial que realiza el ciudadano, y que afecta su vida diaria, destinada a especular sobre las posibilidades que tiene de convertirse en víctima. En muchos casos diríamos que el miedo a padecer un hecho violento -tomándonos una licencia con el arsenal teórico de la psicología- se convierte en angustia anticipatoria.
No todos los delitos inciden de la misma forma sobre la sensación de inseguridad por eso no es una cuestión de reducción de la tasa de delitos. Para ponerlo en términos positivos, si el gobierno consiguiera al mismo tiempo (lo que sería un resultado espectacular) una disminución notable de las estafas, de la violencia doméstica, del trabajo infantil y del proxenetismo, la sensación de inseguridad no se vería afectada en los más mínimo. Es decir, la mayoría los ciudadanos continuarían considerando que los delincuentes están fuera de control, que ellos pueden ser atacados en cualquier momento, y lo que es peor, que deben tomar recaudos particulares para autoprotegerse.
Debemos establecer una afirmación de método: cualquier política que haga hincapié sólo en la reducción del índice de victimización es parcial y ,en último término, ineficiente. Consideramos que el aumento de la delincuencia social esta directamente relacionado con la pobreza y con la falta de oportunidades, en este sentido entonces es que la ausencia de políticas eficientes de integración social, la quiebra fraudulenta o el cierre de una unidad productiva -por ausencia de políticas públicas- comportan también en el mediano o en el largo plazo un aumento seguro de la criminalidad. Asimismo ,en la línea de pensamiento que venimos planteando, una educación pública de baja calidad y que no prepare para el trabajo también afecta en el mediano plaza la sensación de inseguridad. La exclusión persistente y la ausencia de oportunidades provocan siempre la desesperación en los sectores más vulnerables y esto se configura como la base firme para encarar unas “vida delictiva” .
Luego de esta necesaria aclaración surge la primera certeza técnica: una política de seguridad correcta y realista no previene y reprime todos los delitos con igual consideración y recursos, se le debe dar prioridad a aquellos delitos que tienen mayor incidencia sobre el índice de victimización. Para el lego en temas de seguridad, es decir ,el ciudadano común, tal afirmación puede sonar a herejía. Sin embargo para colaborar con la verdad y profundizar la explicación, debemos radicalizar los términos y, por ejemplo, sostener que una buena política de seguridad tendría que desalentar los delitos con armas y (por disyunción) promocionar los que se cometen sin el uso de armas.
¿El Estado promocionando delitos? Parece descabellado, sin embargo lo que es verdaderamente insensato es creer y, a partir de eso, exigir, que la reducción drástica de la estadística delictual en general sea el objetivo específico de la política de seguridad. No contamos con los recursos necesarios para semejante tarea represiva, el presupuesto del estado es escaso y sólo un aumento notable de la presión impositiva podría dotar al Estado de los recursos, ¿están los ciudadanos dispuestos a realizar tal sacrificio en su patrimonio? ¿los políticos pondrían en riesgo posibles votos aumentando considerablemente los impuestos en aras de la seguridad? Pero además, una vez obtenido el financiamiento extraordinario, ¿se puede asegurar que el resultado real sería una baja sustantiva de los delitos cometidos? El pedido constante de “leyes más duras” ,“ mejores armas y equipamiento” y de “reconocimiento al accionar policial” es de larga data y no ha producido hasta ahora más resultados que el aumento de la victimización de ciudadanos comunes por parte de la policía, también conocido como “gatillo fácil”.
Lo que subyace a todo esta problemática y la profundiza en tanto sensación es que los discursos políticos dominantes, específicamente la derecha política y los medios de comunicación masiva intentan convencer (la mayoría de las veces, lográndolo) a porciones numéricamente significativas de la ciudadanía, que con tres o cuatro medidas concretas como las mencionadas anteriormente, el problema de la sensación de inseguridad puede ser resuelto. Y que lograr niveles de seguridad propios de otros tiempos sociopolíticos de la argentina (los 60) o de países donde la distribución del ingreso es progresista (Suecia, Noruega, Canadá), es una tarea posible.
¿Voluntad o estructura?
A partir de la enorme difusión periodística de los casos más truculentos, la derecha dibuja un panorama en donde la cuestión social como origen del delito queda opacada. En los medios se prefiere poner el énfasis en relatar el sufrimiento de las víctimas con todos los detalles, el delincuente es pura maldad, y la conclusión obligatoria es que nada se puede hacer para reformar a tal sujeto.
Y si bien la problemática social referida al delito es ahora medianamente ponderada - y eso es una novedad en el discurso derechista- para evitar confusiones señalan que no es esa la razón principal. Para el sentido común conformado por los medios masivos y la derecha, ser delincuente es el resultado de la elección del propio camino de vida, combinado con la existencia de leyes “benignas” y un sistema judicial garantista que haría menos costosa tal decisión o vocación; hasta se le ha puesto un nombre a esa supuesta actitud “ estar en la fácil”.
Va de suyo que encontrar cierta “viveza” en vivir en condiciones de pobreza extrema , en arriesgar la propia vida en cada hecho o ser adicto al paco y en contar como horizonte cierto la posibilidad de quedar detenido, y llamarle a todo esto, “estar en la fácil”, es sencillamente alocado e insensato.
Según la explicación medio-derechista (los medios y la derecha) el sistema legalista que protege a los “malos” provocaría que cada día haya más delincuentes porque es fácil, sencillo, delinquir.. Este sentido común derechista que se expresa en fórmulas vagas e irracionales, promueve “aforismos” que ya se aceptan en forma casi indiscutible entre la ciudadanía: “entran por una puerta y salen por la otra” , “los derechos humanos son para los delincuentes y no para la gente que trabaja”, “si la policía sabe quienes son por qué no los va a buscar”, “hay que bajar la edad de imputabilidad”, “ hay que subir las penas”, “hay que hacer más cárceles”; a propósito de estas dos últimas aseveraciones, es interesante señalar que se han seguido al pie de la letra y la sensación de inseguridad no ha bajado ni un ápice, es más, ha subido, el hacinamiento en las unidades carcelarias ha aumentado significativamente.
La pregunta que surge de suyo es ¿qué fenómeno social es el que ha producido y sigue produciendo un crecimiento notable de la forma de vida delictiva? o, lo que es lo mismo, pero irónicamente, ¿por qué en los sectores populares se despiertan cada vez más vocaciones delictivas? Parece obvio señalar que aquellos que hoy eligen una vida “tumbera”, realizan su elección fuera de un marco de posibilidades aceptable, en muchos casos, se trata de eso o de morir lentamente de pobreza e inanición ,de allí que hablemos de robar o rogar; la alternativa para los sectores más pobres es ser sujeto de políticas clientelares, de beneficencia, o terminar detenido.
Cualquier respuesta seria debe tener en cuenta la cuestión social, es decir, tomar nota acabadamente de la inaudita exclusión social de la políticas liberales aplicadas en 10 años de menemismo, la fenomenal crisis de 2001 y el fracaso posterior en realizar un proceso de incorporación, no sólo de intentar detener el deterioro. Sin estas consideraciones acercarse al tema seguridad es tocar de oído, hablar por hablar.
Un mínimo de historia y algo de proyección
Si bien es nuestra convicción que los pobres dentro del capitalismo son siempre víctimas, la aparición en la posguerra de un capitalismo organizado, provocó mediante las políticas económicas de protección del mercado y políticas públicas de integración, que el abandonar las condiciones sociales de nacimiento fuera algo posible, real.
En la argentina las políticas económicas y de inclusión del primer peronismo son un excelente ejemplo. Los despojados de todo llegaban a las fábricas instaladas en el cordón industrial bonaerense y se instalaban provisoriamente en “villas de emergencia”, hasta tanto compraran su terreno y pudieran edificar de a poco su casa. Para los 70 ya pasaron a denominarse “villa miseria” y la inclusión social, proyecto al que se avocó con entrega absoluta la generación de los desaparecidos, dejó de estar en la agenda de los gobernantes. La respuesta de la dictadura fue en todo sentido represiva, al que era delincuente social, la cárcel, con un modelo militarizado. En lo político, asesinar al que soñaba y trabajaba para eliminar la exclusión social, esto es, el militante transformado en los 70 en “delincuente político”.
La democracia reconquistada en el 83 nada pudo hacer en cuanto a inclusión social, las crisis económicas recurrentes y las hiperinflaciones ,por el contrario, terminaron expulsando a cientos de miles de personas a la pobreza; en lugar de ascenso social, pauperización.
El modelo menemista vino a profundizar las políticas regresivas de Martínez de Hoz, el resultado que nos interesa para nuestro análisis fue la desocupación del 35 % y la creación de una economía paralela y también el desarrollo precario pero persistente de una cultura de los márgenes. La economía en negro funcionaba con la misma eficiencia que la economía legal, el enorme centro comercial “La salada” es paradigmático ejemplo de esto y una nueva cultura apareció y sorprendió a muchos en la forma de “cumbia villera”. Lo millones que se vieron expulsados de la economía legal no iban a resignarse a morir de hambre, esto es algo obvio. Es en este contexto y no en otro en donde aparece el fenómeno de la delincuencia generalizada, y, obviamente, la explosión de los índices de victimización.
Cinco años sin trabajo en la vida de una persona son muchos, una década directamente vuelca el horizonte vida de alguien hacia un lado u otro. Hubo miles de personas que aunque educadas en valores burgueses, tuvieron que aceptar día a día que tales valores eran impracticables en el contexto en que vivían. Sus hijos, socializados en ese tiempo político-social, ni siquiera recibieron tal educación sustentada en valores burgueses de honestidad y trabajo. Casi podía predecirse la aparición de los llamados “pibes chorros”, jóvenes y adolescentes que aprendieron a ser duros en un contexto de inusual dureza.
En la historia del delito previa a los 90 podemos afirmar que ser delincuente tenía que ver con una ubicación social desfavorecida, también una familia disfuncional y con un componente volitivo importante. El delito a partir de los 90 cambia, ya no se trata de un ladrón , digamos profesional, que maneja códigos burgueses (no meterse con ancianas o embarazadas, por ejemplo) y que hace inteligencia previa al hecho delictivo, o tiene un “dato”. Aparecen los “delitos al boleo” es decir un grupo de “pibes” que salen a buscar lo que desean en cualquier lado, a cualquier hora, eligiendo a la víctima por su potencial indefensión, mientras más débil, mejor candidato.
Las imágenes a veces complementan perfectamente una idea. Uno de los creadores del liberalismo, Thomas Hobbes, sostenía que sin un poder absoluto que ordenara …”el hombre es lobo del hombre”, a esa situación le llamaba “estado de naturaleza”. Cuando observamos la crueldad del mundo natural por medio de documentales contemplamos horrorizados como los leones o las hienas atacan a las crías o a los más viejos de otros especies. Algo en este sentido es lo que ocurre hoy en día y se nos presenta como nueva delincuencia, ausencia de reglas o códigos, estado de naturaleza puro, incluso superándolo del lado humano, el animal no mata porque sí, sólo lo hace para comer. Está claro entonces que los 10 años de neoliberalismo menemista significaron una ruptura social que estamos pagando en términos de inclusión social, cultura, ética y que se concretiza fundamentalmente en inseguridad para todos los sectores sociales. Los pobres doblemente golpeados por las condiciones sociales y la delincuencia, y los sectores medios y altos que temen ser victimizados y no pueden disfrutar de lo que han logrado económicamente.
A propósito de la expresión utilizada “lo propio de lo humano”, está claro que no hablamos de una carga genética: lo humano no surge de suyo, es un acto de enseñanza, ya sea por omisión o por acción alguien nos dice esto es humano, o lo que es lo mismo, esto es lo que hacemos los humanos, la humanidad o no de una acción es una creación social. La generación que vivió una infancia miserable durante los 90 no ha sido educada en valores sino en desvalores, o mejor, en valores utilitarios a los fines de mantener la pura vida humana. Si comer es hoy es una aventura, toda acción se encuentra justificada, se trata de una cuasi guerra, y en ella robar, mentir, matar y atacar al más débil son acciones necesarias. Esta idea ha sido expuesta de diversas maneras, elegimos la de Johnny Roten “ donde no hay futuro, no hay pecado”.
Depende del estado que exista futuro para los sectores marginalizados , no será con más violencia que se solucione el problema de la violencia. Mucho menos pensando estúpidamente que el número de potenciales delincuentes es finito y que edificando un número de cárceles que los alojen terminará la delincuencia. Es necesario llevar adelante políticas públicas de integración y educación para el trabajo, políticas económicas que alienten el empleo y políticas sociales que incorporen a todos y no dejen a ningún habitante de la argentina en estado de indefensión. No sólo esto , realizar la política es importante, luego, inmediatamente ver , controlar el funcionamiento, de eso se trata lo que sigue. Ver como se implementa una buena idea, y comprender que si la concreción es defectuosa la idea ya no sirve si no se corrige.
De esto se trata lo que sigue, contar la experiencia de la implementación de una acción pública por medio de una serie de planes del ministerio de trabajo, en un distrito del 2° cordón.
Algunas ideas sobre los planes sociales
Informe sobre desocupados
[1]
Durante el año 2008 y parte de 2009 trabajé en una municipalidad del conurbano bonaerense (2° cordón) dictando talleres para desocupados organizados por el ministerio de trabajo, específicamente los llamados Orientación laboral (OL) y Apoyo a la búsqueda de empleo (ABE), el tercer taller programado se llamaba Organización del trabajo independiente [2] (OTI), pero yo nunca lo di por una cuestión de división interna del trabajo con el otro docente asignado a ese municipio.
Mi intención al realizar y dar a conocer este informe es fomentar el debate sobre algunos temas puntuales referidos a políticas sociales, informar a aquellos que desconocen supinamente el tema, y, sobre todo, poner de manifiesto la afectación de la dimensión humana, esto es, la enorme repercusión social que tiene cualquier decisión política.
Muchos de los asistentes a los talleres pertenecían al sector más débil en recursos culturales, económicos, emotivos, etc. de toda la población, y no cabe duda que de acuerdo a la orientación política de un gobierno su suerte cambia notablemente. No exagero en absoluto si sostengo, por ejemplo, que padres e hijos vieron sus vidas negativa y definitivamente modificadas por las políticas neoliberales de los 90; los padres al quedarse fuera del mercado formal por demasiado tiempo, los hijos porque, a consecuencia de aquellas políticas, pretenden o lo han intentado, ingresar a un mercado laboral cada día más competitivo, exigente y desreglado. Creo con convicción, como lo venimos señalando, que en este punto las políticas de reinserción laboral pierden especificidad para tornarse la puerta de entrada a cualquier otra política posible como la de seguridad, salud o educación, más claro, la alternativa cierta de los sectores pobres no puede seguir siendo robar (a los particulares) o rogar (al estado o entidades de beneficencia). Sin empleo e ingresos suficientes una sociedad segura, educada o saludable es simplemente, únicamente, un sueño.
¿Quiénes y a qué venían?
Es fundamental señalar el origen de estos talleres: como resultado de la finalización de los ultramencionados y ultracriticados, planes Jefes y Jefas de hogar, se les ofreció a los beneficiarios que no calificaban para el plan Familias pasar al Seguro de Capacitación y Empleo. En el caso de aceptar este último cobrarían 225 pesos por mes durante los primeros 18 meses y 250 los últimos seis meses, debían capacitarse, realizar cursos, aprender saberes formalizados[3] y acercarse a la Oficina de Empleo[4] para seguir cobrando con continuidad el seguro. A su finalización, es decir luego de dos años, los beneficiarios, o buena parte de ellos, debían estar listos para volver a los mercados laborales en la forma tradicional de búsqueda o capacitados para comenzar y/o continuar con un proyecto de autoempleo. A este grupo social fue al que le dicté los talleres del ministerio: una primera precisión es que las mujeres eran absoluta mayoría, llegando a ser por lo común el 75 % de los presentes o más.
Para definir con propiedad debería aclarar que grupo estatal y social, siendo conceptos diversos, en esta situación son una y la misma cosa. Los beneficiarios constituían un grupo sólo por el hecho de ser desocupados que aceptaron el seguro de capacitación y empleo y tenían domicilio en el mismo distrito. La acción estatal los conformó en tanto grupo y lo único que se desprende de tal hecho es, efectivamente, la pura estatalidad y su poderosa discrecionalidad. Lo realizado no es necesariamente acción política[5], ni en cuanto a su precisión definicional, ni en lo referente al hecho mismo. Es la consagración de lo puramente social, lo estadístico, pero también podríamos llamarlo lo “meramente” social, que en este y otros múltiples casos, no es suficiente para conformar una unidad sustantiva, significativa, mucho menos que otorgue visibilidad o sentido.
Va de suyo que aunque signifique adelantar una conclusión, y si bien todos mis alumnos eran personas pobres, tal universalidad social tautológica es la única que es lícito inferir, en lo demás la variedad era la característica central: de ideología, de formación, de capital social, de situación económica, de origen social, de origen étnico, de religión, de ascendencia, de profesiones, de saberes, de perspectivas, de visiones de futuro; en definitiva, pluralidad real en su más amplia expresión. Pongo de manifiesto esta certeza seguramente porque mi prejuicio antes de encontrarme dictando los talleres era que un importante nivel de homogeneidad iba a ser la característica central.
¿Por qué venían?
Una primera cuestión que debe figurar en cualquier informe es que la asistencia a los talleres era obligatoria. La convocatoria a veces era suave, medida, haciendo hincapié en la utilidad del taller, otras, en cambio, se configuraba como una verdadera apretada (si no venís te quedás sin plan)-, corría por cuenta de la entidad que me contrataba, la Oficina de Empleo del distrito, sin que los docentes pudiéramos hacer nada para modificar el estado de cosas[6]. El ánimo de algunos de los alumnos, por el efecto del tipo de convocatoria intimidante, no era el deseable, pero, y es un acto de justicia señalarlo, los docentes contábamos en general con la buena predisposición de la gente, otras, con su resignación.
Los talleres comenzaban con la presentación del docente e información sobre otras alternativas en el Ministerio de Trabajo o en la Oficina de Empleo. Luego una explicación básica de lo que se iba a hacer y a continuación se invitaba a los presentes para que cada uno contara sus vivencias laborales y nos hablara sobre sus planes para el futuro. Los asistentes en lo cuantitativo conformaban un plantel numérico dispar, a veces muy pocos (4 o 5), otras, demasiados (29 o 30). El promedio era alrededor de 12 a 18 personas, a la luz de 10 meses de experiencia puedo valorar que ese número promedio de asistentes también es el ideal para la dinámica de los talleres.
El material de trabajo ideado por el ministerio, me refiero a los manuales, del capacitador y del capacitado, era adecuado, en el caso de ABE, un poco menos, en el caso de OL. Unas de las razones de la inadecuación del material de OL era, digamos así, estructural, porque las características del taller -centrado en las experiencias de vida de los asistentes- ponían la propia disposición de cada uno a participar en un lugar estelar. El taller de ABE era mucho más específico que el de OL, se le daban al asistente herramientas más concretas y objetivas y por lo tanto el desarrollo dependía menos de los participantes y más de los docentes. En definitiva Ayuda a la Búsqueda de Empleo contiene elementos mucho más visibles para el beneficiario que los que le puede aportar OL, además por la edad de los participantes (mayores en OL, de menor edad en ABE) las intervenciones eran distintas en calidad y cantidad.
En el primer caso, OL, los participantes contaban en muchos casos con dificultades insalvables para llenar las fichas y presentarse; timidez y analfabetismo iban en general de la mano y conformaban un panorama difícil para el asistente y para el desarrollo del taller. También el grado de deterioro emocional era significativo e inocultable en algunos de los asistentes a OL. Distinta era la situación en Ayuda a la búsqueda de empleo, como señalaba más atrás, este último taller se refería a cuestiones que aquellos que tienen poca experiencia en los mercados laborales valoran especialmente: desde cómo hacer correctamente un curriculum vitae, hasta como pararse frente a una entrevista laboral, o redactar una carta de presentación correctamente. En el otro taller, OL, se trataba de hacer pensar a los participantes sobre el futuro laboral personal y hablar del presente y del pasado del mercado laboral en forma reflexiva; a veces era muy difícil realizar este primer logro, buena parte del primer día se consumía en quejas, casi siempre justificadas, de los asistentes hacia la situación política general y la propia en particular. Sobre las quejas será necesario dedicar un párrafo especial.
Este señalamiento no significa en modo alguno una opinión absolutamente crítica sobre los talleres de Orientación Laboral, hablo simplemente del grado de dificultad para integrarse a la temática y a la dinámica grupal de uno y otro taller.
Algunas características particulares de la implementación en el distrito
La obligatoriedad de la capacitación generó una estrategia de balance[7] en dónde lo que importaba en el distrito era ofrecer cursos, vaya paradoja, los carentes de ingresos significaron un aumento en el ingreso de otras personas. Incluso escuelas estatales cobraban una cooperadora de 30 o 40 $ por mes lo cual estaba reñido con cualquier regla ética (aprovecharse del desocupado). Se llegó a dar cualquier curso, los que hubiera disponibles o los que podían dictar los amigos del poder local, pero también entraron en esto entidades estatales o privadas. Los cursos muchas veces no estaban relacionados ni con lo que se necesitaba de mano de obra en la zona, ni con lo que podía tener algún tipo de salida laboral. Por poner sólo dos ejemplos que asustan y ofenden, algunas de las asistentes a mis talleres (15, tal vez 20 a lo largo del año) hicieron el curso de Ceremonial y Protocolo, otras, en un número no menor, el de operadoras de electrocardiógrafo, resulta obvio que conseguir un trabajo a partir de tales capacitaciones, ya en Capital Federal sería extremadamente difícil, en el segundo cordón bonaerense, casi, imposible.
El estado nacional además ofrecía viáticos de 50 $ mensuales a los beneficiarios que terminarán la primaria o la secundaria, muchos lo estaban haciendo, -es preciso señalar que había dificultades para el cobro de los viáticos-, otros, aún peor, nunca habían cobrado el plus, sin embargo hay que decir que completar los estudios era una buena iniciativa que muchos tomaban, en algunos casos, estratégicamente (por el dinero mismo), en otros con alegría y orgullo porque finalmente estaban aprendiendo a leer y escribir..
Los problemas de implementación no nos deben obstaculizar observar la importancia al beneficio otorgado por estudiar. Muchas mujeres que su única inserción laboral había sido la limpieza en casas de familia, desde muy chicas y hasta avanzada edad y, por lo tanto, les había sido imposible estudiar, lo estaban haciendo actualmente. En parte por el viático y también porque no podían anotarse en cursos de capacitación sino tenían la primaria terminada. Como señalé más atrás, la nota distintiva en algunas de ellas era el orgullo por que ya podían leer o escribir. Valoramos aun más esta situación si tenemos en cuenta que en casi todos los talleres de Orientación laboral, hubo siempre entre uno y tres asistentes que no llenaron ninguna de las 4 fichas con las que se trabajaba por no saber leer ni escribir.
Casi todos los cursos necesarios para la continuidad en el seguro de capacitación se daban en Centros de Formación Profesional estatales o en la Secretaría de cultura municipal, en ambos casos cobraban matrícula, cooperadora o gastos de materiales, desde 25 y hasta 50 pesos por mes. Muchos de los asistentes a mis talleres se quejaban de tal situación, la estrategia de algunos era entonces elegir la capacitación por la gratuidad. Como anécdota graciosa pero valiosa y concluyente por su capacidad de ilustración, así me ocurrió una vez: en el momento de las presentaciones una de las asistentes, mayor de 50 años ella, me dice: “por el plan estoy haciendo el curso de guitarra”, ah le dige, ¿te gusta la música? Y me respondió, “no, la verdad nunca me interesó, lo hago simplemente porque no me cobran nada y no me joden con las faltas”. En este caso salta a la vista lo antes señalado, la política de balance, pues sólo se puede entender que el municipio autorice un curso de guitarra para desocupados si él que lo da es hijo, nieto o sobrino de alguien relacionado con el poder político local.
Había otros casos menos obvio pero tan inútiles como aquí, muchas mujeres estudiando peluquería, tal vez 3 o 4 por taller, ¿necesitará este distrito de tantas peluqueras? o reposteras, o artesanas en porcelana fría o cocineras. La pregunta válida que surge es, se planificó de acuerdo a las necesidades distritales y desde allí se ofrecieron las capacitaciones de acuerdo a los requerimientos del lugar o simplemente se abrió la oferta de cursos, la respuesta parece quedar, claramente, de este lado.
También recibieron cursos los beneficiarios-desocupados por parte de algunos sindicatos con subsedes en el distrito, en el caso de mi distrito de la UOCRA y del Sindicato de la Alimentación, en ambos casos, con muy buena recepción en los asistentes, muchos inscriptos y además allí se les pagaba un viático mensual, cercano a los 50 $.
Todas estas actividades se daban en el edificio de la Oficina de Empleo creada para esta tarea, atender a los desocupados, capacitar y realizar contactos con los parques industriales zonales para las empresas tomaran preferencialmente desocupados.
Las relaciones sociales
Un párrafo aparte merecen los empleados de la Oficina de Empleo respecto del modo en que atendían a los desocupados. La característica central era la desconfianza, porque partían de un prejuicio que en algunos casos, y sólo en esos pocos casos, era empíricamente verificable: este tiene laburo y, obviamente, más ingresos, por eso no quiere venir, o no puede, cuando lo convocamos para los talleres o para búsquedas laborales, “es un vivo bárbaro y deberíamos suspenderle el plan”.
Esta verdad parcial, la de que una parte de los beneficiarios cuenta con otros ingresos, formaba parte del sentido común del administrativo de la oficina de empleo, sentido común compartido con buena parte de la sociedad y, obviamente con la clase media[8] en cuanto a ubicar la figura del beneficiario entre la de un vivo y la de un sinvergüenza que cobra 225 pesos por mes del estado y tiene trabajo o ingresos por otro lado.
Estamos interesados-influidos en lo que Gramsci llamó “origen práctico del error” y una forma de explicar el recorrido es ver como se forma este pobre sentido común. Primero con retazos muy generales de filosofías que se han vuelto normas de vida como una religión o una ideología política, ejemplo aplicable a nuestro caso es el “debe trabajar el hombre para ganarse su pan”[9] colocado en la boca de un personaje mítico como Martín Fierro y repetido acríticamente por generaciones, aunque también es tan antiguo como el bíblico “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.
Luego es útil analizar algunos resultados de la crisis de 2001 y ver un primer momento de legitimidad para la ayuda social y a partir de la recomposición económica de la clase media la pérdida de tal legitimidad. “No quieren trabajar”, “viven del estado y de la dádiva”, “que hagan algo por esa plata, ya quisiera yo ganar 150 $ gratis”, “en mucho lugares no se consiguen ni chicas de limpieza ni albañiles porque les conviene cobrar el plan sin hacer nada”, y toda una serie de afirmaciones calificables como temerarias o desinformadas, cuando no fascistas, respecto de este tema.
Uno de los elementos de la realidad más dinámicos que tienen directa influencia en que buena parte de los que cobran plan no puedan dejarlo tiene que ver con la realidad del trabajo informal y como reacción estratégica frente al contrato basura. Ningún actor racional, y se trata aquí de que juzguemos a todos con estos módulos (a todas las clases), dejaría un ingreso informal pongamos de 1500 $ con plan incluido, por uno en blanco de 1500 $ también pero sólo asegurado por 5 o 6 meses, que es el tiempo promedio que duran los trabajadores, por ejemplo, de las agencias de seguridad o en los supermercados que hacen pedidos en la Oficina de Empleo del distrito. El estado nacional debería haber terminado hace tiempo con la flexibilización laboral de los 90 y mucho más con los contratos basura; esta hubiera sido una medida de enorme alcance respecto de la problemática que tratamos.
¿Cómo se forma y cristaliza el preconcepto? En general el prejuicio se consolida a partir de considerar a un supuesto grupo familiar y sostener que ambos cónyuges cobran plan (500$), que hacen changas, que reciben mercadería del estado, que van a comedores y que finalmente viven bien sin trabajar porque son vagos, digamos, “de alma”, o alguna idiotez por el estilo. Recuerdo algún mail derechoso firmado por una indignada señora de clase media que sumaba las propinas obtenidas por un chico en situación de calle lavando parabrisas por 6 horas diarias y le daba un ingreso mensual superior a su hija que se había recibido en la UADE de Licenciada en Administración con promedio de 9.
En el caso de nuestra oficina, pero podría ser dicho de cualquiera de los empleados de las oficinas de empleo del país, consideraban un robo al estado lo que realizaban los beneficiarios, lo decían precisamente ellos que no podrían pasar ninguna (ni la más sencilla o tomada con extrema bonomía) prueba de productividad, con sueldos en promedio de 1400 $, les era imposible atender a más de 8 personas por jornada en un trabajo a media máquina de 5 horas por día.
Para ejemplificar la consideración de los empleados hacia los desocupados es suficiente que relate lo siguiente: en un día caluroso, de más de 32º, teníamos sólo un ventilador para unas 15 personas, entre ellas 2 embarazadas, salí del aula por dos minutos a buscar un nuevo marcador y cuando volví uno de los empleados de la Oficina de Empleo se había llevado para su oficina el ventilador dejándonos sin aire, esa es la consideración en que el empleado de la oficina tiene en general al desocupado.
Algo más sobre la convocatoria
Uno de los problemas recurrentes era la convocatoria que como señalé antes oscilaba entre el apriete y el desinterés, sin lograr un punto medio. Lo que complicaba en muchos casos aún más la asistencia era que muchos de los beneficiarios eran parte de estructuras políticas clientelares descentralizadas y había que primero reunir información sobre de quién [10] era tal beneficiario y luego pasar por el visto bueno de la autoridad de origen (cacique político) para que la convocatoria se concretara en asistencia. De hecho, como nota fuerte, pero simpática, no era raro que se presentara alguien antes del comienzo del taller diciendo “ profe , yo soy de tal…,hace falta que me quede para que me den el presente? Recordemos que tanto OL (orientación laboral) como ABE (ayuda a la búsqueda de empleo) se desarrollaban durante 2 días, con una duración promedio de 3 horas, y para tener el presente había que asistir los dos días.
La duración prevista para OL era de 4 horas reloj, un verdadero despropósito, en nuestra experiencia cada grupo presentaba características distintas y de acuerdo a eso la cantidad de tiempo de cada taller, e incluso los temas o actividades que entraban para el 1º o 2º día. En OL el momento de la presentación personal, si el grupo era numeroso, se devoraba buena parte del primer día, sino lo era, y era muy pequeño, el riesgo era el contrario, es decir que el primer día tuviera una duración de no más de 2.30 horas. ABE era mucho más sencillo para realizar y calcular, salvo cuando tuve grupos demasiado grandes, todos los temas podían ser tocados y tratados en profundidad con 2.40 horas de cada día.
Sobre las quejas de los asistentes
“Dígale a Cristina que nosotros la votamos y ella se ha olvidado de los pobres”; “¿de verdad usted me quiere hacer creer que lo que yo diga acá es libre y no le llega al intendente o al secretario de gobierno?, ¿y a Usted, quién lo puso? Una de la estrategias de relación que rápidamente utilicé (no sólo estrategia sino también en gran parte, realidad) fue mostrar que no tenía una relación formal con el gobierno nacional, “no soy del ministerio y si la veo a Cristina le agrego a lo de ustedes, lo mío, y tampoco pertenezco al municipio, soy de Villa Crespo y me paga la UBA así que pueden decir los que les parece del intendente o de sus funcionarios”. En no pocos casos, al comienzo de los talleres, la sensación de los asistentes era del tipo “Gran Hermano”, todo puede ser escuchado y tener como resultado que me den de baja el plan. Situación dolorosa y difícil para el docente que siente la desconfianza y tiene que remontar el recorrido del taller; no se trata de una cuestión simplemente moral (del tipo no quiero pasar por agente encubierto[11] del gobierno o del municipio), sino que es absolutamente necesario para cualquier relación docente-alumno que se genere confianza, una vez logrado esto estaba claro que el 2º día era el mejor.
No era el único tipo de quejas, tanto en OL como en ABE el docente debe hablar sobre las características del mercado laboral actual, y entre otras cosas, señalar que, digamos, objetivamente, han aumentado los requisitos de capacitación y que, entre otras características, los adelantos tecnológicos destruyen empleo. Al llegar a esta parte la reacción era en general indignada, ¿y a usted le parece que eso está bien? era la pregunta generalizada. En el curso de ABE cobraba cierto dramatismo afirmar casi quirúrgicamente que habían aumentado los requisitos, teniendo en cuenta que de cada 10 chicas, 5 o 6 tenían secundario completo y algún curso (computación, incluso inglés) más y sólo habían trabajado en limpieza, aquí la teoría del “Capital Social” se ajusta perfectamente a la realidad.
Los asistentes a ambos cursos tenían fuertes críticas respecto de la labor de la Oficina de Empleo, en primer lugar, al erigirse en la representante del estado más inmediatamente cercana a ellos, sentían, precisamente, que las autoridades políticas hacían poco y nada para conseguirles trabajo[12].
En OL la indignación surgía contra los requisitos referidos a la edad, “profe no hay avisos para mayores de 40 años ¿de qué voy a trabajar?, además cuando se planteaba la alternativa de reconvertirse, de pensar una salida laboral de autoempleo a partir los cursos de capacitación que se habían hecho, la reacción era de descreimiento, o de angustia e impotencia, “se hacer souvenirs, comida o prendas (tejidas, de confección) ¿adónde las voy a vender?, yo trabajé siempre en limpieza, no soy vendedora, ni cuentapropista, yo lo que quiero es un trabajo con sueldo”.
Cuestión de alternativas
¿Pretende el ministerio que todos –o un número significativo de ellos- los beneficiarios de planes sociales se transformen en microemprendedores? Estoy seguro que no; sin embargo a partir de diversos planes, como el “manos a la obra” o el “pago único”, se ha intentado un camino en ese sentido – en el sentido del autoempleo- y mi experiencia en los talleres indica que sólo un número muy pequeño de beneficiarios de planes sociales estarían en condiciones de transformarse en microemprendedores. En los talleres de OL cuando presentaba esta alternativa, o cuando les contaba de la posibilidad del “pago único” ,algunos interesados en comprar una máquina o en fabricar o hacer algo, me preguntaban, ¿sólo o asociado?. Cuando conocían el requisito de asociación lo rechazaban, incluso hasta se enojaban, y cual si fuera una verdad bíblica, la mayoría de los asistentes sostenían que las sociedades funcionan mal, apoyándose en dichos como “mejor sólo que mal acompañado” o “el buey sólo bien se lame” o el más sofisticado “si hacés una sociedad con una amigo o familiar, después perdés la sociedad y el familiar o amigo”
He aquí una limitación cultural importante , el asociacionismo no se implanta por injerto, pero es parte fundamental de la cultura política de un país. Sobre su significación democrática y de iniciativa basta con releer un libro central de la sociología y la política como “La democracia en América” de Alexis de Tocqueville, allí el autor sostiene que asociarse es de carácter constitutivo para las democracias, ya sea como escuelas de participación o para que los hombres hagan juntos lo que no podrían hacer separados.
En nuestro municipio los proyectos preferidos por los beneficiarios eran en solitario, la mayoría consideraba una pesada carga, cuando no una burla, el proyecto societario, inclusive, luego de un arduo debate en el taller y cuando surgía que era obvio que 3 o 4 de ellas cocían, hacían ropa o tejían y podían potenciar el negocio asociándose, la negativa se repetía, ya sin más argumentos que “un vecino, amigo, pariente, que yo conozco se asoció y le, fue mal “ o aun peor “si es con otro, no me interesa”.
Las historias de vida y las expectativas
Hablé al principio de la pluralidad entre los asistentes, veamos: tuve, desde un relojero que tuvo 3 sucursales propias en zona norte y ahora quería ser entrenador de atletismo, hasta un caddie que en tiempos de trabajo sus ingresos mensuales superaban los 3000 pesos, o una niñera que conocía Paris, Roma y veraneaba en Punta del Este y hasta una mujer de 57 años que jamás trabajó fuera de su casa y tenía dos propiedades alquiladas. Desde ya estos casos no conformaban la normalidad de los asistentes, pero tampoco podría asegurarse que sus historias eran absolutamente excepcionales. Entre mis alumnos la postulación respecto a la pauperización de un sector importante de la clase media a partir de 2001 era absolutamente certera.
¿Cuál era entonces el tipo ideal de asistente, el caso típico? Hablamos de una mujer de entre 45 (también de mucho menos) y 64 años, con primaria incompleta o analfabeta, que trabajó (o todavía hoy hace algunas changas) en casas de familia y que ya no consigue con continuidad por la edad o por que tiene problemas de salud importantes. Para brindar un indicador numérico digamos que en todos los talleres había por lo menos 3 o 4 de estos casos. Recordemos también que para poder asistir a las capacitaciones en los centros estatales pedían certificado de primaria o saber leer y escribir bien, lo que en ambos casos les cerraba la posibilidad de capacitarse. Tuve pocos asistentes varones pero entre ellos esta historia se repetía en lo referente a problemas de salud, edad y semi o analfabetismo, el rubro cambiaba, limpieza para las mujeres, construcción para los varones.
En un momento del taller de OL (orientación laboral) el docente induce a pensar en el futuro laboral, tarea muchas veces difícil, incluso para los más jóvenes por motivos diversos [13], las mujeres más grandes decían “profe mi proyecto es jubilarme, ya laburé demasiado, además quién me va a tomar a los 59 años (el número podemos reemplazarlo desde 55 y hasta 64)”; las capacitaciones recibidas o los estudios completados tenían una función de integración social, casi como desarrollar un hobby, o despuntar un viejo anhelo, pero es insensato pensar que mujeres de esa edad van a reconvertirse e insertarse en el mercado laboral como cuentapropistas.
La verdadera opción, todos lo deberíamos saber, es una jubilación adelantada, si además esa persona quiere hacer algo en la casa , mejor, pero no hay espacio real para otra proyección más que esa. Sospecho que muchas de las medidas necesarias, realistas sobre estos temas no se han tomado porque el sentido común de las clases medias no las soportaría.
Lo mismo podemos decir del tema inseguridad como lo hemos planteado al principio, pensemos en el siguiente planteo, suben los asaltos con violencia, la alternativa realista es ¿bajar la pena a los sin violencia o subirlas a los con violencia? ¿Promocionar el delito no violento o insistir con el aumento de penas que ya ha fracasado y vuelto a fracasar?. Intentar reinsertar en el marcado a las/los que tienen entre 55 y 64 es además de irreal un esfuerzo vano porque significa sacarles puestos de trabajo a los jóvenes que son los que tiene capacidad de dañar y de hacerse daño, la jubilación anticipada es la solución. Todo lo que se gasta en política social se ahorra en otros rubros estatales, evitar la marginalidad y promover la integración es la única tarea política real.
[1] Plantea ya el título un problema, ¿son beneficiarios de planes sociales o desocupados, o subocupados?, a lo largo de la reflexión prometo elegir una palabra para definirlos. Además beneficiario se parece demasiado a beneficiado.
[2] Relacionado con el sistema de “Pago único”, es decir la posibilidad del beneficiario de pedir lo que le restaba de plan en un solo pago para la compra de máquinas o de insumos.
[3] Obtener el título era lo que valía de allí la calificación de “formalizado”. Lo importante no era si el beneficiario había aprendido algo, sino si tenía el certificado
[4] Organismo creado ad hoc y que recibe fondos ministeriales para algunas de sus funciones, en muchísimas municipalidades del país. El fin, acrecentar las oportunidades de reinsertarse de los beneficiarios de planes sociales a partir de capacitaciones y convenios con el sector privado de cada localidad para que se les de preferencia.
[5] Prometo profundizar la cuestión más adelante partiendo de una convicción: no todo lo que hace el estado es político. La pura administración, también lo que últimamente en teoría política se llama “policía”, “gestión”, “demanda democrática”, a veces es, incluso, lo contrario de lo político.
[6] La convocatoria se hacía telefónicamente en días y horarios en que no estábamos los docentes.
[7] Le llamo de tal manera haciendo referencia a la economía soviética, en donde importaba más fabricar los 5000 tractores que el partido comunista se había autoimpuesto como meta que saber sin funcionaban o eran apropiados para la producción.
[8] En el conflicto gobierno-campo, el sector del campo reclamaba para sí un mayor grado de legitimidad ya que los que iban a actos del gobierno cobraban “planes sociales”. Los periodistas perdiendo toda objetividad sostenían que la gente que fue a Rosario o a Palermo no era “llevada” sino que concurría “por sus propios medios”. Cobrar planes sociales se transformó casi en una declaración de culpabilidad, para la clase media.
[9] Unos de los consejos más conocidos de Martín Fierro.
[10] Es necesario hacer más adelante alguna consideración sobre las prácticas clientelares, sin embargo a los fines de la presentación y de la coherencia en el relato doy por natural y sobreentendida una expresión tal como “de quién” era una persona.
[11] Coloquialmente, buchón.
[12] Sobre esto también dedicaré un párrafo más adelante.
[13] Reitero, pues no es algo menor, que en los cursos de ABE las chicas tenían entre 20 y 35 años y en muchos casos con secundario completo y cursos de capacitación en ingles o computación. Cuando contaban su trayectoria laboral saltaba a la vista que sólo habían conseguido en limpieza. Es más, muchas de ellas tenían el “sueño” de trabajar en una fábrica. Surge como necesario citar al gran Florestán Fernándes cuando afirmaba que en Latinoamérica, cosa que no ocurría en Europa, existía el privilegio de ser obrero-explotado. Esto para reafirmar que a nadie le gusta especialmente trabajar en una fábrica pero los sueldos de convenio, trabajar en blanco y tener derechos laborales es una oferta que al lado de la informalidad de ser la “muchacha” se torna un verdadero “sueño”.
jueves, julio 16
Mi voto por los Kirchner es principista
Pero si bien el cesarismo expresa siempre la solución "arbitraria", confiada a una gran personalidad, de una situación histórico-política caracterizada por un equilibrio de fuerzas de perspectiva catastrófica, no siempre tiene el mismo significado histórico. Puede existir un cesarismo progresista y uno regresivo; y el significado exacto de cada forma de cesarismo puede ser reconstruido en última instancia por medio de la historia concreta y no a través de un esquema sociológico.
Antonio Gramsci
Me escribió en facebook, allá por el 30 de junio, una ex compañera de cátedra, buena chica ella, radical: vos estas triste con el resultado electoral, ¿no se puede estar contento? Porque yo si lo estoy y mucho ¿no se trata de eso la democracia? -ganar y/o perder y aceptarlo-.
Podría esgrimir, para comenzar la respuesta, la larga historia de los radicales de no aceptar los resultados electorales, pero no es de buena leche ni apropiado. Va a aclarar mucho más hablar de principios. Voy a tratar de responder, y propiciar el debate, a mí ex compañera y a otros muchos que están felices con el resultado electoral.
La felicidad frente al resultado es legítima si analizamos los principios que representan y encarnan los triunfadores. Depende de los principios porque hay pocos, no de los hombres porque hay muchos. Si los principios inspiradores de la acción de muchos de los ganadores son antipopulares, es decir alejan la posibilidad de políticas de integración, obviamente no se debería estar contento.
Analicemos tres principios esgrimidos por los ganadores de esta elección que sirven como palmario ejemplo de lo que sostengo:
a) "No quiero que el estado me devuelva, sino que no me saque" De Angeli y los productores “autoconvocados” en las rutas; Nestor Roulet, vice de CRA “basta de intervenir en el mercado agropecuario, ese es el claro mensaje de las urnas para los Kirchner “. No hace falta ser un politólogo para verificar que en estos dos ganadores electorales el principio inspirador es ultraliberal y negador del Estado. Roulet y De Angeli son dos verdaderos exponentes del neoliberalismo, a no olvidarlo.
b) "Basta de persecución a las FFAA por lo que ocurrió en el pasado, ahora ya es tiempo de una reconciliación nacional". Carrió, Morales, Bergoglio y Michetti, todos ellos han coincidido. Dos semanas antes de las elecciones en un seminario en la UCA se exigió que el gobierno “deje el revanchismo” y “dé lugar al olvido y al perdón”. No estoy de acuerdo para nada, este principio que exige reconciliación sin justicia, es fascista. En definitiva la iglesia y buena parte de la oposición en este punto están más cerca de la Pando que de la posición del gobierno, y no llama la atención.
Mi principio y creo que el de muchos más, sobre las violaciones a los derechos humanos en los 70, es: yo no me reconcilio, no perdono, no olvido, cárcel a los genocidas. Aquí también se puede ver con claridad que no importan las personas, importan los principios inspiradores de su discurso y acción.
c) "No a la estatización o nacionalización de empresas, si al libre desempeño sin interferencias del mercado" Carrió, Prat Gay, Macri y Bussi (sobre él recordemos que dijo”los controles de precios siempre fallaron”) están en plena sintonía con esta afirmación y lo ratificaron exageradamente cuando Chávez nacionalizó una empresa de Techint. Somos muchos los que nos oponemos a esta concepción por eso hemos apoyado, por ejemplo, a las empresas recuperadas. Contrariamente a la doctrina del “libre mercado” pensamos que el estado tiene que intervenir en la economía y debe tener sectores estratégicos en sus manos, si es posible, monopólicamente. También debe realizar todos los controles de precios que sean necesarios; más estado y menos mercado es nuestro principio, por eso no es una casualidad la demonización de Moreno que ha sido el encargado de “interferir en el libre juego de la oferta y la demanda”.
Creo (creemos) que el liberalismo es perverso e injusto y debe ser desterrado como ideología de organización; lamentablemente 10 años de menemismo terminaron por generar millones de liberales prácticos, los más difíciles de convencer o cambiar, fanáticos del “deme dos” que recuerdan y añoran sus vacaciones en Cancún o en otro destino más exótico.
Parado sobre estos tres sencillos, pero claros, principios mi respuesta es: si odiás a los Kirchner por motivos personales (soberbia, la cartera de Cristina, propiedades en El Calafate, odio personal a Hebe, asco a los montoneros, etc.) podés estar feliz por su derrota y salir todas las veces que quieras con tu cacerola. Pero si discutimos principios, es decir ideología, sólo se entiende la felicidad de alguien si es liberal en lo económico (más mercado, menos estado) y de derecha en lo político (represión más autoritarismo), eso que quede bien claro ¡
Para ser justo, un párrafo aparte merece otro grupo de felices votantes, los de Pino, Sabatella, más algunos de Binner y del humorista cordobés Luis Juez . Buena parte de ellos, no todos, podrían estar de acuerdo con los principios aquí enunciados y asumen una crítica del gobierno desde la izquierda, sostienen, lo que se ha hecho no ha sido suficiente. Algunos estarán doblemente felices entonces: por la buena elección de su candidato y por la derrota de los Kirchner que para estos ciudadanos, con diferentes argumentos, no son progresistas sino más (o peor) de lo mismo, un verdadero dúo de estafadores con discurso “progre”.
Lo único que puedo señalar en esta corta respuesta es que disiento respecto de una valoración tan crítica y descontextuada sobre los Kirchner. Respeto la genuina alegría de muchos compañeros y ojalá Solanas, Lozano y De Genaro se conviertan en una alternativa progresista de poder en 2011, porque todo lo que se vislumbra es, una vez más, neoliberalismo.
Antonio Gramsci
Me escribió en facebook, allá por el 30 de junio, una ex compañera de cátedra, buena chica ella, radical: vos estas triste con el resultado electoral, ¿no se puede estar contento? Porque yo si lo estoy y mucho ¿no se trata de eso la democracia? -ganar y/o perder y aceptarlo-.
Podría esgrimir, para comenzar la respuesta, la larga historia de los radicales de no aceptar los resultados electorales, pero no es de buena leche ni apropiado. Va a aclarar mucho más hablar de principios. Voy a tratar de responder, y propiciar el debate, a mí ex compañera y a otros muchos que están felices con el resultado electoral.
La felicidad frente al resultado es legítima si analizamos los principios que representan y encarnan los triunfadores. Depende de los principios porque hay pocos, no de los hombres porque hay muchos. Si los principios inspiradores de la acción de muchos de los ganadores son antipopulares, es decir alejan la posibilidad de políticas de integración, obviamente no se debería estar contento.
Analicemos tres principios esgrimidos por los ganadores de esta elección que sirven como palmario ejemplo de lo que sostengo:
a) "No quiero que el estado me devuelva, sino que no me saque" De Angeli y los productores “autoconvocados” en las rutas; Nestor Roulet, vice de CRA “basta de intervenir en el mercado agropecuario, ese es el claro mensaje de las urnas para los Kirchner “. No hace falta ser un politólogo para verificar que en estos dos ganadores electorales el principio inspirador es ultraliberal y negador del Estado. Roulet y De Angeli son dos verdaderos exponentes del neoliberalismo, a no olvidarlo.
b) "Basta de persecución a las FFAA por lo que ocurrió en el pasado, ahora ya es tiempo de una reconciliación nacional". Carrió, Morales, Bergoglio y Michetti, todos ellos han coincidido. Dos semanas antes de las elecciones en un seminario en la UCA se exigió que el gobierno “deje el revanchismo” y “dé lugar al olvido y al perdón”. No estoy de acuerdo para nada, este principio que exige reconciliación sin justicia, es fascista. En definitiva la iglesia y buena parte de la oposición en este punto están más cerca de la Pando que de la posición del gobierno, y no llama la atención.
Mi principio y creo que el de muchos más, sobre las violaciones a los derechos humanos en los 70, es: yo no me reconcilio, no perdono, no olvido, cárcel a los genocidas. Aquí también se puede ver con claridad que no importan las personas, importan los principios inspiradores de su discurso y acción.
c) "No a la estatización o nacionalización de empresas, si al libre desempeño sin interferencias del mercado" Carrió, Prat Gay, Macri y Bussi (sobre él recordemos que dijo”los controles de precios siempre fallaron”) están en plena sintonía con esta afirmación y lo ratificaron exageradamente cuando Chávez nacionalizó una empresa de Techint. Somos muchos los que nos oponemos a esta concepción por eso hemos apoyado, por ejemplo, a las empresas recuperadas. Contrariamente a la doctrina del “libre mercado” pensamos que el estado tiene que intervenir en la economía y debe tener sectores estratégicos en sus manos, si es posible, monopólicamente. También debe realizar todos los controles de precios que sean necesarios; más estado y menos mercado es nuestro principio, por eso no es una casualidad la demonización de Moreno que ha sido el encargado de “interferir en el libre juego de la oferta y la demanda”.
Creo (creemos) que el liberalismo es perverso e injusto y debe ser desterrado como ideología de organización; lamentablemente 10 años de menemismo terminaron por generar millones de liberales prácticos, los más difíciles de convencer o cambiar, fanáticos del “deme dos” que recuerdan y añoran sus vacaciones en Cancún o en otro destino más exótico.
Parado sobre estos tres sencillos, pero claros, principios mi respuesta es: si odiás a los Kirchner por motivos personales (soberbia, la cartera de Cristina, propiedades en El Calafate, odio personal a Hebe, asco a los montoneros, etc.) podés estar feliz por su derrota y salir todas las veces que quieras con tu cacerola. Pero si discutimos principios, es decir ideología, sólo se entiende la felicidad de alguien si es liberal en lo económico (más mercado, menos estado) y de derecha en lo político (represión más autoritarismo), eso que quede bien claro ¡
Para ser justo, un párrafo aparte merece otro grupo de felices votantes, los de Pino, Sabatella, más algunos de Binner y del humorista cordobés Luis Juez . Buena parte de ellos, no todos, podrían estar de acuerdo con los principios aquí enunciados y asumen una crítica del gobierno desde la izquierda, sostienen, lo que se ha hecho no ha sido suficiente. Algunos estarán doblemente felices entonces: por la buena elección de su candidato y por la derrota de los Kirchner que para estos ciudadanos, con diferentes argumentos, no son progresistas sino más (o peor) de lo mismo, un verdadero dúo de estafadores con discurso “progre”.
Lo único que puedo señalar en esta corta respuesta es que disiento respecto de una valoración tan crítica y descontextuada sobre los Kirchner. Respeto la genuina alegría de muchos compañeros y ojalá Solanas, Lozano y De Genaro se conviertan en una alternativa progresista de poder en 2011, porque todo lo que se vislumbra es, una vez más, neoliberalismo.
martes, julio 14
Constitución y violencia: ¿una y la misma cosa?
Docente: Nicolás Enrique Puente
Duración: 8 clases
Día y horario: Martes de 21 A 23
Constitución y violencia: ¿una y la misma cosa?
La constitución es vista desde el liberalismo político como una contención al despliegue potencial del poder del Estado y de los ciudadanos o asociaciones poderosas. Promete asegurar igualdad, libertad, paz y libre comercio. El Estado por medio de ella debería contener y contenerse.
No obstante también sabemos, por citar sólo dos autores -tan distintos como Gramsci y Hobbes-, que el Estado no tiene, ni puede tener, límites jurídicos. Está en su ser lo desmedido, la tendencia al despliegue total de sus posibilidades, es el Leviatán, “el rey de los soberbios”. Podríamos lícitamente afirmar que tal inclinación es la que ha sido combatida por los diversos parlamentos del mundo en la medida en que diferentes poderes ejecutivos han avanzado sobre el terreno legislativo, ya no sólo por medio de los decretos de necesidad y urgencia.
La presente crisis mundial y los ingentes esfuerzos estatales para evitar su profundización reviven la actualidad del debate. El mercado y la sociedad necesitan “nuevamente” del Estado y los tiempos del parlamento son inadecuados para una crisis que necesita de respuestas urgentes.
Una de las formas en que podemos situar filosóficamente la polémica es preguntándonos por el lugar de la necesidad en la creación del derecho. Para todo una corriente de filosofía del derecho lo fáctico es la fundamentación principal en la a-parición de lo excepcional, pero, ¿cumple también un rol en la normalidad? Este debate tiene un largo recorrido y un profuso desarrollo en la teoría política y del derecho de los siglos XIX y XX; podríamos ir incluso, más atrás, y encontrarlo también en los orígenes del Estado Moderno.
La oposición de la que damos cuenta se ha desplegado en múltiples formas; así planteadas las cosas, el parlamento, para el liberalismo y el neo-republicanismo, sería la representación de la sociedad, y el Estado de la política.
De un lado, sostienen los liberales, el intercambio solidario de ideas y de bienes, del otro, la supuesta acción violenta de una camarilla que busca imponer sus valores e intereses, o mejor, sus intereses como valores. Carl Schmitt se ha pronunciado suficientemente sobre este tema y vale la pena reflotar sus definiciones para encuadrar la actualidad de la polémica.
Frente al reclamo de nuevos y justos órdenes legales las respuestas han sido históricamente variadas: por un lado la reforma, respuesta moderada y previsible. Por otro, la revolución, respuesta violenta e imprevisible, fundamentada en la “necesidad” y en lo “excepcional”.
Algunos de los autores que proponemos para la realización del curso parten de módulos distintos pero tienen un punto de llegada en común: constitución y violencia plantearían menos una disrupción que una continuidad. La política constituye lo social y esta modelización se realiza con las herramientas del artesano, es una fabricación; no con las del profeta o del orador que pacíficamente convencen. El consenso no sería entonces lo opuesto a la coerción sino que ambos elementos serían constitutivos del orden político, reservándose y fundamentándose el Estado, en última instancia, en la apelación a la violencia.
1ª reunión: Presentación. Constitución y Violencia. ¿Límites a la voluntad del legislador o plena potencia? Posición de los contractualistas. La solución propuesta por la teoría del derecho natural, W. Luypen.
2ª reunión: El Estado para Hegel. Estado y Sociedad Civil en oposición. La realidad de la idea ética frente a la violenta lucha entre los intereses particulares.
El pensamiento liberal: la alabanza del mercado y su desconfianza crítica hacia el Estado, Milton y Rose Friedman.
3ª reunión: Estado y autoridad: El concepto de autoridad, la tipología de Alexandre Kojeve: la autoridad del padre, la autoridad del juez y la autoridad del amo. ¿Es posible la política sin autoridad? Constitución y Autoridad. Segundo Linares Quintana: los diferentes conceptos de constitución.
4ª reunión: La violencia y el lugar de la religión. Thomas Hobbes y la religión como un recurso de la política, Behemot. Para una crítica de la violencia, Walter Benjamin. La violencia divina.
5ª reunión: El concepto de lo político, Carl Schmitt. Crítica del liberalismo. Los fenómenos revolucionarios, Jean Baechler. La teoría pura del derecho y el lugar de la norma fundamental, Hans Kelsen.
6ª reunión: La clase social en su sentido más político, Marx y el prólogo a la filosofía del derecho de Hegel. Catolicismo y Forma política, Carl Schmitt. La “idea”, opuesta a la visión tecnocrática, como fundamento de lo político.
7ª reunión: Gramsci: Estado y sociedad como partes casi inescindibles dentro del bloque histórico. Política y Constitución. Necesidad y Derecho en tanto complementarios. Santi Romano, ¿cuál es fundamento del orden jurídico?
8ª reunión: El estado de excepción permanente, Giorgio Agamben. Metamorfosis de la representación. Bernard Manin. La nueva configuración de la representación en tanto “democracia de lo público”. El enfrentamiento entre parlamento y ejecutivo.
Bibliografía:
Agamben Giorgio: Estado de excepción, Capítulo 1
Baechler Jean: Los fenómenos revolucionarios. Prefacio y Capítulo 2
Benjamín Walter: Para una crítica de la violencia
Bento Antonio: Forma de ley, mesianismo y estado de excepción
Friedman Milton y Rose: Libertad de elegir: Prólogo y Capítulo 1
Gramsci Antonio: Selección de textos
Hegel George Wilhelm Friedrich: Filosofía del derecho (Sección tercera) y selección de textos
Hobbes Thomas: Behemoth, Diálogo 1
Kelsen Hans: Teoría pura del derecho
Kòjeve Alexandre: La noción de autoridad
Linares Quintana Segundo: Selección de textos
Luypen Wilhelm: Fenomenología del derecho natural, Capítulo 3
Manin Bernard: “Metamorfosis de la representación”
Marx Karl: Prólogo a la filosofía del derecho de Hegel
Romano Santi: Selección de textos
Schmitt Carl: “Catolicismo y forma política” y “ El concepto de lo político”
Duración: 8 clases
Día y horario: Martes de 21 A 23
Constitución y violencia: ¿una y la misma cosa?
La constitución es vista desde el liberalismo político como una contención al despliegue potencial del poder del Estado y de los ciudadanos o asociaciones poderosas. Promete asegurar igualdad, libertad, paz y libre comercio. El Estado por medio de ella debería contener y contenerse.
No obstante también sabemos, por citar sólo dos autores -tan distintos como Gramsci y Hobbes-, que el Estado no tiene, ni puede tener, límites jurídicos. Está en su ser lo desmedido, la tendencia al despliegue total de sus posibilidades, es el Leviatán, “el rey de los soberbios”. Podríamos lícitamente afirmar que tal inclinación es la que ha sido combatida por los diversos parlamentos del mundo en la medida en que diferentes poderes ejecutivos han avanzado sobre el terreno legislativo, ya no sólo por medio de los decretos de necesidad y urgencia.
La presente crisis mundial y los ingentes esfuerzos estatales para evitar su profundización reviven la actualidad del debate. El mercado y la sociedad necesitan “nuevamente” del Estado y los tiempos del parlamento son inadecuados para una crisis que necesita de respuestas urgentes.
Una de las formas en que podemos situar filosóficamente la polémica es preguntándonos por el lugar de la necesidad en la creación del derecho. Para todo una corriente de filosofía del derecho lo fáctico es la fundamentación principal en la a-parición de lo excepcional, pero, ¿cumple también un rol en la normalidad? Este debate tiene un largo recorrido y un profuso desarrollo en la teoría política y del derecho de los siglos XIX y XX; podríamos ir incluso, más atrás, y encontrarlo también en los orígenes del Estado Moderno.
La oposición de la que damos cuenta se ha desplegado en múltiples formas; así planteadas las cosas, el parlamento, para el liberalismo y el neo-republicanismo, sería la representación de la sociedad, y el Estado de la política.
De un lado, sostienen los liberales, el intercambio solidario de ideas y de bienes, del otro, la supuesta acción violenta de una camarilla que busca imponer sus valores e intereses, o mejor, sus intereses como valores. Carl Schmitt se ha pronunciado suficientemente sobre este tema y vale la pena reflotar sus definiciones para encuadrar la actualidad de la polémica.
Frente al reclamo de nuevos y justos órdenes legales las respuestas han sido históricamente variadas: por un lado la reforma, respuesta moderada y previsible. Por otro, la revolución, respuesta violenta e imprevisible, fundamentada en la “necesidad” y en lo “excepcional”.
Algunos de los autores que proponemos para la realización del curso parten de módulos distintos pero tienen un punto de llegada en común: constitución y violencia plantearían menos una disrupción que una continuidad. La política constituye lo social y esta modelización se realiza con las herramientas del artesano, es una fabricación; no con las del profeta o del orador que pacíficamente convencen. El consenso no sería entonces lo opuesto a la coerción sino que ambos elementos serían constitutivos del orden político, reservándose y fundamentándose el Estado, en última instancia, en la apelación a la violencia.
1ª reunión: Presentación. Constitución y Violencia. ¿Límites a la voluntad del legislador o plena potencia? Posición de los contractualistas. La solución propuesta por la teoría del derecho natural, W. Luypen.
2ª reunión: El Estado para Hegel. Estado y Sociedad Civil en oposición. La realidad de la idea ética frente a la violenta lucha entre los intereses particulares.
El pensamiento liberal: la alabanza del mercado y su desconfianza crítica hacia el Estado, Milton y Rose Friedman.
3ª reunión: Estado y autoridad: El concepto de autoridad, la tipología de Alexandre Kojeve: la autoridad del padre, la autoridad del juez y la autoridad del amo. ¿Es posible la política sin autoridad? Constitución y Autoridad. Segundo Linares Quintana: los diferentes conceptos de constitución.
4ª reunión: La violencia y el lugar de la religión. Thomas Hobbes y la religión como un recurso de la política, Behemot. Para una crítica de la violencia, Walter Benjamin. La violencia divina.
5ª reunión: El concepto de lo político, Carl Schmitt. Crítica del liberalismo. Los fenómenos revolucionarios, Jean Baechler. La teoría pura del derecho y el lugar de la norma fundamental, Hans Kelsen.
6ª reunión: La clase social en su sentido más político, Marx y el prólogo a la filosofía del derecho de Hegel. Catolicismo y Forma política, Carl Schmitt. La “idea”, opuesta a la visión tecnocrática, como fundamento de lo político.
7ª reunión: Gramsci: Estado y sociedad como partes casi inescindibles dentro del bloque histórico. Política y Constitución. Necesidad y Derecho en tanto complementarios. Santi Romano, ¿cuál es fundamento del orden jurídico?
8ª reunión: El estado de excepción permanente, Giorgio Agamben. Metamorfosis de la representación. Bernard Manin. La nueva configuración de la representación en tanto “democracia de lo público”. El enfrentamiento entre parlamento y ejecutivo.
Bibliografía:
Agamben Giorgio: Estado de excepción, Capítulo 1
Baechler Jean: Los fenómenos revolucionarios. Prefacio y Capítulo 2
Benjamín Walter: Para una crítica de la violencia
Bento Antonio: Forma de ley, mesianismo y estado de excepción
Friedman Milton y Rose: Libertad de elegir: Prólogo y Capítulo 1
Gramsci Antonio: Selección de textos
Hegel George Wilhelm Friedrich: Filosofía del derecho (Sección tercera) y selección de textos
Hobbes Thomas: Behemoth, Diálogo 1
Kelsen Hans: Teoría pura del derecho
Kòjeve Alexandre: La noción de autoridad
Linares Quintana Segundo: Selección de textos
Luypen Wilhelm: Fenomenología del derecho natural, Capítulo 3
Manin Bernard: “Metamorfosis de la representación”
Marx Karl: Prólogo a la filosofía del derecho de Hegel
Romano Santi: Selección de textos
Schmitt Carl: “Catolicismo y forma política” y “ El concepto de lo político”
martes, marzo 31
El menemismo: neoliberalismo con apoyo popular
Son rarísimos los patrones que se dan cuenta de que el rendimiento del trabajo es directamente proporcional a la inteligencia, al bienestar y a la alegría, sobre todo del obrero que lo ejecuta y no al tiempo que dura la jornada, cuando esta pasa de su límite racional; y mucho menos los que alcanzan a comprender que manteniendo a sus obreros en la miseria , lo mantienen en la tendencia al vicio y al delito, que ellos pagan en último término.
Juan Bialet Massé
La sociedad contra el Estado
El capitalista extranjero no ha mirado al país sino como campo de explotación pasajera y usuraria; ha entregado las gestiones a personas que no miran sino el alto dividendo.
Juan Bialet Massé
Durante la década de los noventa en Argentina, el Estado y la sociedad cambiaron sustancialmente. El menemismo llevó adelante un programa político que destruyó certezas tradicionales respecto de qué era lo político y de cómo se lo construía. Pero la tarea no se limitó a una pura negación del modelo anterior sino que también se erigió una nueva forma de efectivizar las mediaciones entre la sociedad y el Estado, cambiando ellos también como resultado de lo operado[1]. Poco a poco se fue edificando una certeza política: el Estado tiene poco para ofrecer. Se lo convirtió en el centro de las críticas, nada de lo que se hiciera a través de él estaba bien, era, en sí y para sí, ineficiente. Todo lo que provenía de la sociedad civil (incluimos aquí también al mercado) era bueno y promocionable, todo lo que encaraba el Estado era defectuoso y entonces, criticable.
Sin embargo la certeza de que el Estado era ineficiente y por tanto, inútil, tuvo distintas repercusiones sociales. Esta convicción fue mucho menos potente en los sectores populares, tradicionales beneficiarios de la acción estatal, que para el sector empresarial y la clase media, ideológicamente convencidos de las bondades de la llamada “convertibilidad”. De lo anterior podemos deducir un punto central para el desarrollo de nuestro trabajo, el Menemismo no fue solamente negocios y/o corrupción, se trató de un proyecto político que llegó a alcanzar una victoria ideológica completa [2]. Su éxito discursivo central estribó en convencer a buena parte de la sociedad Argentina de uno de los dogmas primordiales del liberalismo teórico: lo social sólo precisa marginalmente de lo político. En términos dogmáticos, y por lo tanto de fácil comprensión para el ciudadano, se derivó una sentencia como la siguiente, “el Estado debe acompañar lo que el mercado decide”, nunca contradecirlo, mucho menos intentar controlarlo o introducir en él acciones tendientes a la justicia redistributiva.
No solamente la legitimidad general obtenida por la convertibilidad indica la victoria ideológica del menemismo: la favorable recepción de la población a la privatización de las empresas públicas, la aceptación gustosa y acrítica de libre disponibilidad de bienes internacionales, el beneplácito de la clase media por la facilidad para realizar viajes al exterior, conformaron, junto con otros elementos, un fenómeno llamado pomposamente por el menemismo “reinserción de Argentina en el mundo” que cosechó no pocos adeptos y que fue uno de los pilares de este movimiento político. Oponerse a esa forma de ingresar en la globalización parecía una actitud medieval, la Argentina festejaba ostentosamente su “reingreso” al mundo y el precio que pagaba era el desmantelamiento del Estado y “un poco” de desocupación.
Las nuevas certezas contaron con un enorme apoyo en los medios de comunicación que se alinearon incondicionalmente con las propuestas privatizadoras e internacionalistas.
El país creyó en el programa neoliberal, en la “magia” del libre mercado, los llamados “gurúes” económicos eran mucho más escuchados que los políticos, los sindicalistas o los sacerdotes. Si bien Menem era un tanto bizarro y existían sospechas de corrupción sobre él, la figura de su socio principal, Cavallo, tomó para muchos economistas neoliberales ribetes épicos: supuestamente honesto, eficiente y valiente, algo así como un héroe que venía a emprenderla contra la “vieja Argentina del fracaso”.
Se formó un gran consenso alrededor de las ideas neoliberales, había una lista de verdades autoevidentes, la única discusión era, ajuste con corrupción (el menemismo) o ajuste sin corrupción (los opositores). El país quería hacer buenos negocios, tener mejores servicios y Menem lo hacía posible. Desde los centros de producción ideológica se pedía cada vez menos Estado, que nada entorpeciera las libres iniciativas de los particulares, nadie quería ser subsumido por una estatalidad considerada caduca. El consenso se hizo más profundo y, en los años de éxito, no es exagerado sostener que el acuerdo viró hacia la idea de Estado ultra-mínimo .
La oposición antimodelo era casi inexistente, por lo menos electoralmente, ya que ¿quién se podría oponer al ingreso de Argentina al “primer mundo”?. La izquierda clásica tuvo que replegarse, factores como la caída del Muro de Berlín y el “éxito” de las ideas neoliberales hicieron sumamente difícil la recepción de las ideas socialistas en la población, socialismo era estatismo, y como señalamos ya nadie quería Estado. No es de extrañar que en este contexto la oposición clásica y los moderados de izquierda hicieran campaña a partir de la idea de corrupción del gobierno pero declarando solemnemente que respetarían la convertibilidad, el modelo.
En los últimos años de Menem apareció, poco a poco, una nueva oposición encarnada en los llamados “piqueteros”[3]. El modelo tenía perdedores y muchas ciudades del interior del país habían sido notablemente afectadas en la medida en que las empresas del Estado que allí se afincaban, ahora privatizadas, habían despedido gran cantidad de personal o directamente cerrado la planta.
En la izquierda tradicional se produjeron movimientos internos críticos de las prácticas tradicionales. El resultado parcial fue un aumento de la fragmentación producto de la desconfianza de la militancia a todo tipo de centralismo autoritario y de una crítica persistente al accionar político tradicional, direccionado más hacia la captación de militantes que hacia el trabajo social. Si para la izquierda clásica la consigna era, simplificando, “cuanto peor, mejor”, ahora había toda una generación dispuesta y convencida a realizar una práctica que diez años antes hubiera sido definida como puramente asistencialista.
Aparecieron también novedosas experiencias participativas, más cercanas a lo cultural-social y a la ayuda comunitaria que a la concepción de la vanguardia revolucionaria. Los unía una concepción anclada en el territorialismo –mi barrio es el mundo- y en la unidad de las experiencias de ayuda social –unidad de los que “hacen”- , estas proclamas distanciaban aún más a estos grupos solidarios de las prácticas políticas clásicas. Los conceptos claves comunes a esta multiplicidad de agrupaciones son autonomía y horizontalidad, en su práctica diaria promueven y defienden una independencia amplia de todo centro de poder, mucho más del Estado, hablamos en profundidad de la nueva política en general en el capítulo 7.
El cambio político operado por todas estas nuevas agrupaciones se reflejó básicamente en una reagrupación de lo social. Las tradicionales organizaciones obreras como los sindicatos nada tenían que hacer allí, pues ¿Cómo habría de insertarse un desocupado en un sindicato? La desocupación estructural promovida desde el poder político, lo repetimos -no fue una consecuencia no deseada del modelo sino que fue fomentada por las políticas públicas- creó una nueva clase social sumergida y por lo tanto una nueva marginalidad. Nos debería impresionar profundamente saber que existen hoy hijos de “chicos de la calle” que, condenados estructuralmente, repiten la historia desafortunada de sus padres.
El liberalismo imperante políticamente en los 90 en el mundo y en nuestro país cambió la sociedad en un sentido absolutamente negativo ya que profundizó las diferencias sociales hasta el punto de destruir la mejor obra del primer peronismo: una sociedad solidaria en donde no existía explotación y el acceso a la educación, la salud y el trabajo era una realidad para todos los argentinos.
Política y sociedad: una relación de mutua conformación
Cuando utilizamos el término “sociedad” parece que estuviéramos hablando de un hecho acabado y fijo, estático, nos referimos a ella a partir de una idea de continuidad, casi como si fuera un objeto material. Sin embargo todos sabemos que se trata en verdad de una realidad en permanente cambio, de una relación constante de construcción y reconstrucción en donde distintos actores sociales toman posiciones y realizan acciones en atención a las conductas de otros actores sociales. Lo político constituye lo social pero también la sociedad modifica lo político; es a partir de estas mutuas influencias que la dirigencia política tiene una doble responsabilidad en tanto receptora de las aspiraciones sociales pero también con la irrenunciable tarea de orientar conductas grupales. Ni el dirigismo absoluto ni el ejercicio del gobierno mediante encuestas son la forma en que la política se reconciliará con la gente. Sospechamos que la promoción del ejercicio del gobierno mediante encuestas revela una apenas disimulada desconfianza crítica sobre el lugar que debe ocupar la política. “Hay que hacer lo que quiere la gente” parecen decirnos estos nuevos “societalistas”, olvidan a sabiendas que de esa manera la política se torna impotente, reproducir legislativamente el pensamiento imperante es además de sumamente conservador, peligroso porque, sobran los ejemplos, la mayoría a veces se equivoca.
Estado y sociedad deben estar dinámicamente en mutua conformación, la imposición de uno de ellos por sobre el otro no puede tener más que consecuencias ruinosas. Sin embargo en la teoría liberal el rol del Estado se reduce a un mero ratificador de lo que ocurre en el mercado. Lo privado es, de suyo, superior a lo estatal. El liberalismo presupone una contradicción de intereses entre la sociedad y el Estado
Pretendemos poner los elementos de la polémica en su justo punto. Durante los años del menemismo se transformó en un procedimiento habitual algo que podríamos llamar “el consenso permanente sobre la necesidad de ajuste”. Efectivamente ante cada nueva reforma laboral, que supuestamente iba a redundar en una mayor contratación de trabajadores eliminando los costos innecesarios, las asociaciones empresarias festejaban el realismo del gobierno, su impenetrabilidad al “populismo”, que, sostenían, era el causante de la decadencia argentina. Ya debatiremos el contenido de este término, populismo, porque nos parece importante defender una gestión estatal enfocada clara y unívocamente en la mejora en la calidad de vida de los sectores populares. Si esto último es populismo, entonces, somos populistas.
Desde los sectores empresariales se alentaba al tandem Menem-Cavallo porque “valientemente” desoía a los afectados por las reformas estructurales y mostraba su inagotable voluntad de cambio privatizando y destruyendo derechos laborales. Cada respuesta autoritaria de Menem era festejada por los mercados y las acciones bursátiles subían en forma notable, sólo para ilustrar recordemos dos: “ramal que para, ramal que cierra” y “me pueden hacer una, dos, mil marchas que yo voy a hacer lo que quiero”. Este vulgar autoritarismo era exaltadamente aprobado por los poderosos. Pero, y esto es lo interesante, la conformidad con esta forma de concebir lo político no hubiera llegado a ser una legitimidad de ejercicio sin la conformidad de los sectores medios y bajos.
Debemos decirlo, no sólo los poderosos aprobaban los ajustes, se llegó a un consenso general sobre la necesidad del achicamiento del Estado y sobre lo apropiado que era destruir derechos laborales existentes para mejorar las posibilidades de contratación. Creemos que la camarilla gobernante llegó a conseguir una importante legitimidad a partir de que la clase media adhirió a su discurso, en esto reside la victoria ideológica del menemismo. Se conformó una nueva hegemonía que logró la adscripción de sectores sociales medios y bajos a postulados teóricos que favorecían únicamente a los sectores poderosos de la sociedad.
Paradójicamente los sectores populares aparecieron apoyando políticas “no populares” (o como señalábamos más atrás, “no populistas”, esto se transformó en verdad de sentido común en los 90). Como si imagináramos una situación hipotética pero posible, en donde un trabajador despedido de la vieja ENTEL al recibir el telegrama, hubiera pensado: “la verdad es que está bien, yo no era un trabajador productivo y, seguramente en el mercado, encontraré un trabajo mejor”, creemos que algo de esto pudo haber pasado.
¿Qué es el “populismo”?
Ya hemos hablado bastante del liberalismo, es tiempo que dejemos a unos de los liberales argentinos de mayor prestigio teórico, Alberto Benegas Lynch (h.), que nos ilustre sobre sus ideas: “No es una exageración decir que solamente un irresponsable puede ser “demócrata”[4] si acepta aquella concepción desviada de la democracia, rechazando cualquier intento de hacer respetar los principios democráticos. Tampoco es una exageración afirmar que Occidente no tiene salvación si persistimos en avalar un sistema que consiste en alentar una carrera desenfrenada para ver quién promete más desatinos para así ganar una elección”[5]. Este artículo de 1976 nos sirve para pensar críticamente junto al liberalismo y poner en claro que es el tan mentado “populismo”.
Parece claro que Benegas Lynch “sabe” de democracia. Tanto de la verdadera democracia como de la versión desviada, la que no debe ser. En sus términos parece muy peligrosa esta falsa democracia que “promete desatinos” porque puede echar a perder a occidente. ¿Por qué es “desviada”? Porque se ocupa de ganar votos prometiendo “desatinos”; podemos suponer que aspiraciones humanas legítimas, como la justicia social o el bien común, se encuentran entre los supuestos desatinos[6]. Tratemos de olvidar por un momento estas consideraciones antidemocráticas -porque queda claro que los liberales son democráticos sólo si se lleva adelante un programa liberal-, lo que explicaría la recurrente relación en Latinoamérica entre autoritarismo y liberalismo. Dejemos esto de lado, lo importante es que queda planteado por Benegas Lynch el punto central de oposición, evidente, entre el liberalismo como teoría de organización de lo social y los gobiernos surgidos mediante el voto popular.
El Estado, a partir de la instauración del voto universal, vive del consenso. Es una maquinaria cuyo combustible son los votos, ¿cómo lograr una legitimidad amplia, si los sectores más numerosos de la población permanecen ajenos al acceso a bienes? Como hemos visto en Venegas Lynch el liberalismo teórico plantea la existencia de una contradicción apenas evitable, sólo si están los liberales en el gobierno, entre política y economía. La política de los otros partidos estaría siempre dispuesta, según esta visión, a tomar recursos genuinos del mercado para redistribuirlos políticamente; a esta reasignación la teoría liberal le llama “populismo”.
El credo liberal afirma que se les cobra injustos impuestos a los que, buscando el lucro personal, por ejemplo instalando una fábrica, logran virtudes públicas, crean puestos de trabajo. Si el Estado “esquilma” mediante impuestos a estos involuntarios benefactores sociales, desalienta la inversión, los puestos de trabajo no se crean y la sociedad empobrece. Si en cambio el Estado deja que las ganancias de los particulares aumenten libremente otros individuos o corporaciones siguen el ejemplo e instalarán más empresas que a su vez significan muchos más puestos de trabajo y aumento de la riqueza disponible. Este breve relato es lo que los liberales llaman el “círculo virtuoso”.
El papel del Estado es simplemente negativo, consiste en no hacer o, lo que es lo mismo, en dejar hacer. Vicios privados transformados en virtudes públicas. Se omite olímpicamente el papel del Estado en este relato, desde la seguridad, la infraestructura, o la energía necesaria para la producción, todo ello queda de lado en la versión liberal, ni hablar de los derechos de los trabajadores.
No deben caber dudas respecto a que el liberalismo percibe al Estado como un costo insoportable, tanto es así que en nuestro país la clase dirigente de fínales del siglo XIX prefería pedir empréstitos a pagar impuestos por los gastos de funcionamiento de “su” Estado. La versión liberal de la historia de los últimos dos siglos confirma que para ellos la actividad política, desde la mitad del siglo XIX en adelante, empezó a “afectar” el libre juego de la oferta y la demanda, interviniendo cada vez más en el mercado. De allí en adelante, liberales y no liberales podemos coincidir en este punto, comenzó una tensión constante entre Estado y mercado, que aun está lejos de resolverse.
La tensión existe y es cuestión de absoluto presente, se da cuenta de ella desde diferentes cosmovisiones: desde los sectores liberales se rechaza cualquier tipo de intervención en el mercado. Desde los no liberales para reafirmar que sin la acción del Estado los niveles de vida de las clases desfavorecidas seguirían siendo paupérrimos.
Es que como decíamos a partir del nacimiento de las ideologías populares la contradicción entre el discurso liberal o neoliberal y la acción del Estado, preocupado en el bienestar general, ha sido evidente. El liberalismo niega que exista algo llamado bienestar general, sólo reconoce intereses particulares. La igualdad es una preocupación menor para los liberales, sólo la libertad es lo que cuenta. En la universalidad de la ley encuentra la doctrina liberal a la igualdad, recordemos aquella ironía que señala “la ley prohíbe por igual a ricos y pobres dormir debajo de los puentes”.
Pensadores clásicos del liberalismo, como Hayek o Milton Friedman, pretenden una distinción taxativa y evidente entre beneficencia (particular, privada) que es legítima y justicia social (estatal, establecida legislativamente) que es vista como un acto confiscatorio y brutal del Estado. Sostienen que el Estado no debería apropiarse, en ningún caso, de recursos de los particulares. A cualquier legislación protectiva del desfavorecido por el sistema se la ha calificado, cuando no, de “populismo” y de un atropello a la “libertad” de contratación.
Cuando los gobiernos surgidos del voto popular intentaron satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos introduciendo o modificando las leyes de contratación para establecer, por dar sólo un ejemplo, el salario mínimo, vital y móvil, la reacción liberal fue de absoluto rechazo. Para ellos el mercado es el que dispone “eficientemente” del precio del salario, cualquier intervención en este “orden espontáneo” es también “populismo”.
Como ya lo hemos señalado es necesario que nos detengamos en este último término que actúa en el imaginario liberal como argumento para toda ocasión. En la década del 90 en argentina desde los sectores de poder se estableció como la contradicción principal “ajuste versus populismo”. El ajuste era perpetuo e inevitable, eso era realismo económico, cuando las propias condiciones de mercado lo permitieran los salarios y las condiciones de vida de los sectores pobres mejorarían, mientras tanto había que despedir gente de las empresas del Estado, vender activos y cumplir a rajatabla las órdenes de los organismos internacionales de crédito. La receta dogmática se siguió hasta las últimas consecuencias, no está de más decir que el mercado jamás pudo mejorar las condiciones de vida de los trabajadores sino que en realidad los convirtió en desocupados.
Es que debemos tomar los términos de la contradicción y pronunciarnos en este debate decididamente a favor del populismo, en boca de un liberal populismo significa gobernar favoreciendo a la mayoría, y de eso es de lo que se trata para nosotros la política. En nuestra concepción un gobierno electo por el pueblo no sólo puede sino que debe realizar su plan de acción en atención a las aspiraciones de los desfavorecidos. Acude en nuestra ayuda el gran politólogo y filósofo argentino Ernesto Laclau, cuando sostiene que toda política es, en realidad, populismo[7]. Hace así referencia a la solidaridad social que debe implantar un gobierno mediante caminos necesariamente redistributivos.
En nuestro país luego de una década de predominio ideológico liberal parece claro que los sectores más favorecidos tienen una escasa predisposición a pagar impuestos para fines sociales, la única función del Estado que están dispuestos a solventar, vía impuestos o privadamente, es la represiva.
Estado y mercado han estado históricamente en tensión, sin embargo, por citar un ejemplo, en los países escandinavos la disputa se ha resuelto decididamente en favor de la estatalidad. La política produce, en determinadas ocasiones, una decisión opuesta a la “acción espontánea” de los hombres en el mercado. El liberalismo reivindica, dogmáticamente, la “acción espontánea” de los individuos en el mercado. Llegamos al fondo de nuestro planteo, la única política que los liberales están dispuestos a tolerar es, precisamente, la liberal, que jamás tiene en cuenta las necesidades de los desfavorecidos por el sistema.
Sin embargo las ideas liberales, por mucho tiempo antipopulares tuvieron en Menem un difusor carismático que convenció a un número importantísimo de gente.
La revisión que hemos hechos en este capítulo de los postulados centrales del liberalismo tiene el sentido de rescatar el rol del Estado en cuanto único propiciador posible de la justicia social y de niveles de vida aceptables para los desfavorecidos del sistema. Como lo hemos señalado el pensamiento liberal sigue teniendo una presencia fuerte en la opinión pública argentina, algunas de sus máximas figuras no se hacen cargo del menemismo y sostienen que una profundización de las “verdaderas” ideas liberales nos llevará hacia un país mejor. Creemos que el liberalismo llega siempre adonde su ideología se lo permite: si es oposición, a plantear muchas de las críticas aquí expuestas al Estado y a la política, si es gobierno, a una polarización social tremenda que margina a la mayoría y sume a los desfavorecidos del sistema en la más absoluta desesperación.
[1] El Estado se desprendió de gran cantidad de empresas perdiendo de esta manera posibilidades ciertas de intervención, ya no pudo fijar tarifas públicas y mucho menos, como en otras épocas, aumentos generales de salarios. Si a esto agregamos que con la ley de convertibilidad el estado perdió la posibilidad de fijar una política monetaria, vemos como se va conformando un panorama en donde el estado es cada vez menos poderoso y se avizora como menos necesario.
[2] Hoy surgen innecesarias discusiones sobre si alguna vez un peso fue un dólar, si la gente lo creyó o no, y si realmente era en verdad así. Los reclamos de los ahorristas nos eximen de mayores comentarios: para millones de ahorristas, un peso era un dólar, y pretender que no era así es simplemente un acto de soberbia intelectual en donde un supuesto esclarecido se burla de millones de ingenuos.
[3] Hacemos referencia al movimiento piquetero concebido como instancia de nucleamiento de la oposición política. Las resistencias locales al programa político del menemismo habían comenzado mucho antes. En 1991, por ejemplo, fue notable la movilización y la resistencia contra el cierre Hyspasam en la provincia de Santa Cruz.
[4] Entre comillas en el original.
[5] Extraído de “Ideas sobre la libertad” revista. Número 36 de septiembre de 1976. Artículo “Apuntes sobre el poder legislativo” por Alberto Benegas Lynch (h.) Pág.13
[6] Tiene un tinte dramático que el articulista adhiera fervorosamente a la separación oriente-occidente en 1976, tal visión del conflicto fue la que justificó el asesinato de miles de argentinos por considerarlos representantes de “oriente”. Los militares genocidas se sentían avalados teóricamente por pensamientos como los de Benegas, y parece obvio que aquellos “irresponsables” que “no entienden” lo que es, verdaderamente, la democracia, deben ser puestos fuera de circulación.
[7] Nota publicada en el diario Clarín 11/2/02.
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